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La lucha contra los parques eólicos en la Montaña Central llega a la Universidad de León. El proyecto que pretendía inundar esta zona con un total de 57 aerogeneradores, de 65 pisos de altura (cerca de 200 metros de extremo a extremo) y visibles desde una distancia de 25 kilómetros, encuentra una nueva resistencia en su camino.
16 investigadores de diferentes universidades, entre ellos 11 de la Universidad de León, han creado un grupo de trabajo llamado Medinat para recoger las afecciones que suponen los actuales megaproyectos de energías renovables en el ámbito de la Cordillera Cantábrica. Esta nueva asociación multidisciplinar tiene como objetivo es «la creación de materiales basados en trabajos científicos que ayuden a la práctica de una transición energética justa, que no implique daños al medio natural o a cualquiera de sus componentes», tal y como ellos mismos aseguran.
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«La instalación de algunas de las grandes infraestructuras energéticas proyectadas producirá impactos negativos severos, y en muchos casos irreversibles. Por sus características, la Cordillera Cantábrica es uno de los mayores reservorios de biodiversidad de Europa y su papel como corredor ecológico, hace que su conservación sea un factor fundamental en el mantenimiento de los recursos naturales y la funcionalidad de los ecosistemas», indican. «Por ello debemos garantizar que estas instalaciones sean sostenibles de manera integral, que no comprometan nuestro patrimonio natural y que se estudien los efectos acumulativos o sinérgicos de estas instalaciones, en particular, sobre la Red Natura 2000».
Desde Medinat consideran que «es tarea de las administraciones garantizar que el necesario desarrollo de las energías renovables no suponga afecciones contrarias al medio natural y a la biodiversidad, especialmente en aquellos espacios de altísimo valor ecológico», así mismo, han exigen «una medida legal que asegure que los proyectos de energías renovables serán ubicados en zonas catalogadas como de sensibilidad ambiental baja».
«La descarbonización de la economía tiene que ser una oportunidad para avanzar hacia la conservación de la naturaleza y, por tanto, es inaceptable que se lleve a cabo a costa de una ulterior pérdida masiva de biodiversidad», invitan a reflexioanr estos investigadores. «Trabajar juntos es clave para crear un futuro sostenible para todos sus habitantes, humanos y no humanos. Estamos a tiempo de elegir el tipo de transición energética que queremos. Hagámoslo bien»
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