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Jorge, Rubén, Amadeo, Iván y David entraron al tajo este lunes, 31 de marzo, para avanzar en los trabajos que estaban llevando a cabo en la mina de Cerredo, en el concejo asturiano de Degaña. Una llamada a las 9:32 horas encendía las alarmas: un incidente había dejado heridos en su interior. El drama se confirmaba poco después: cinco minero leoneses habían fallecido debido a una fuerte explosión de grisú.
Todo ocurría en la tercera planta de una explotación de plano inclinado que contaba con 3,5 kilómetros de profundidad a lo largo de tres cuevas en cuatro tramos.
Se trataba de una mina que abrió el empresario leonés del carbón Victorino Alonso, en un no muy lejano 2009, y que apenas duró nueve años abierta. La quiebra de Coto Minero Cortés dio paso a que pasara a manos de Rodolfo Cachero mediante Minera Astur Leonesa y en 2018 cesó su actividad, como recuerda El Comerdio.
Fue en verano de 2024 cuando Blue Solving lograba los permisos necesarios para volver a abrir la cueva mina, una apertura que hasta ahora no contaba con autorización para explotarla. La autorización con la que contaban era para extraer carbón con el único objetivo de controlar su calidad; y en la tercera planta, donde se encontraban los cinco mineros fallecidos solo estaban facultados para «retirar material, cuadros metálicos, vías y elementos de minería hasta este 11 de abril», según explicó la consejera de Transición Ecológica del Principado de Asturias.
La misión que tenía encomendada la empresa era adentrarse en estos tres kilómetros y medio y verificar el estado de la que Alonso catalogó como «la mina más moderna de Europa» y que acabó convirtiéndose en la tumba de estos cinco leoneses de entre 32 y 54 años. En su interior se fijaba una sección libre de túnel principal de 60 metros cuadrados y contaba con 30 galerías auxiliares a través de un desnivel de 12,5 grados. Fue en la tercera planta donde una fuerte explosión de grisú sorprendía a los mineros que se encontraban realizando prospecciones en busca de nuevos materiales en el subsuelo de Degaña, muy cerca del límite fronterizo con la provincia de León.
La principal hipótesis a la que se apunta como causa del accidente es que el grisú ocupó el pasadizo en el que se encontraban los cinco trabajadores y algo provocó su deflagración. Unos se encontrarían en primera línea y otros fueron alcanzados por la onda expansiva de la llamarada. En total eran once los trabajadores en el interior de los dos resultaron ilesos, otros dos se encuentran ingresados en la UCI del Hospital Universitario de Oviedo y los dos restantes en planta en los hospitales de León y El Bierzo. Según ha manifestado la delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra, «los cuatro heridos están estables dentro de la gravedad. Afortunadamente, no se teme por sus vidas».
La responsable gubernamental también ha reconocido que la empresa contaba con esos dos permisos relatados por El Comercio. Uno englobaba al grueso de la mina y era puramente de investigación mientras que el otro era para operar en el tercer piso -donde se produjo el siniestro- para retirar material. «Todo apunta a que fue una explosión de grisú, pero lo que hay que investigar es por qué», matizaba ante los avances en prevención que ha habido en las últimas décadas.
Por su parte, el presidente del Principado de Asturias ha afirmado que la empresa será «chequeada de arriba a abajo» y evitó aventurarse sobre las causas de la explosión ya que incluso voces expertas dudan de que se pueda deber al estallido de una bolsa de grisú «con el que no había dado problemas nunca esta mina». Por ello Adrián Barbón apremió a analizar todo y pidió que la propiedad ponga a disposición toda la información para comprobar que se estuviera trabajando en base a una licencia.
La llamada de socorro se producía a las 9:32 horas de este lunes, 31 de marzo. Tras esa comunicación solo se pudo confirmar la muerte de cinco mineros en el interior de Cerredo. Una tragedia más para la minería leonesa que acumula un historial teñido de sangre en las últimas décadas.
En el camino se han quedado cinco trabajadores, cinco personas que dejan un vacío imborrable y una muesca más en la fatalidad ocasionada por este sector y que bien conocen en cuencas como Laciana o El Bierzo.
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