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Comparten ubicación pero no el mismo cariño de sus paisanos. En la avenida Real, en León capital, se alzan dos referencias para cualquier leonés que pase por esta zona. El primero, uno de los radares que más multa de la ciudad y el segundo, y el que nos trae hasta aquí, el Centro Deportivo El Ejido 'Salvio Barrioluengo'..
En 2006 el, por entonces, alcalde de la ciudad Mario Amilivia inauguraba un polideportivo que estaba llamado a llevar su nombre y es que no se entendería el barrio sin él y él no hubiera sido lo que fue sin su barrio.
Pero, ¿quién fue Salvio Barrioluengo y por qué un polideportivo lleva su nombre?
Concejal de Deportes en el primer mandato de Juan Morano y presidente de la Cultural y Deportiva Leonesa entre 1993 y 1997, Barrioluengo está considerado como uno de los 'héroes' de un club que en aquel entonces estaba condenado a desaparecer: «Para mí fue una de las personas más conocidas y reconocidas en nuestra ciudad» recuerda Luis Ballesteros, exjugador de una Cultural en la que coincidieron durante algunos años: «Conseguimos cosas muy importantes como un ascenso de Tercera a Segunda B y luego casi con el mismo equipo, con la mayoría de gente de León y provincia fuimos capaces de jugar otro playoff de ascenso a Segunda A».
Pero para llegar hasta ahí, Barrioluengo tuvo que labrarse antes un camino marcado por un barrio, su barrio, El Ejido.
Nacido en León en 1934 y criado en un orfanato hasta los 18 años, Salvio Barrioluengo forjó su trayectoria a base de esfuerzo, sacrificio y amor por lo que hacía. Pronto se trasladaría a vivir a El Ejido, convirtiéndose en un apéndice más de él.
Fue durante casi 20 años presidente de la Hermandad de Jesús Divino Obrero y uno de los artífices de que en 1984 las mujeres entraran en la cofradía en igualdad de condiciones que los hombres: «Era muy feminista», recuerda con cariño Beatriz, su única hija de los cinco descendientes que tuvo con Milagros, su mujer.
Trabajó hasta su jubilación en la Cooperativa Farmacéutica Leonesa aunque antes, en 1989, Juan Morano le llamó a filas como independiente para entrar en la corporación municipal del Ayuntamiento de León como concejal de Deportes: «Era campechano y muy futbolero. Además, le gustaba mucho el tema de su ciudad, siempre fue pionero en esos aspectos, siempre apostó por la gente que éramos de León y de la provincia. Era un paisano que se preocupaba por lo que nos pasaba no sólo dentro del fútbol sino también fuera», explica Ballesteros.
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Un «paisano» que no dudó en cambiar el despacho del Consistorio por el de La Puentecilla y echarse a la espalda un equipo embargado por la Seguridad Social y condenado a desaparecer si nadie hacía nada: «Lo de la Cultu casi le cuesta el matrimonio con mi madre. Recuerdo ver a mi padre hacer números por la noche de cómo iba a pagar a los jugadores y en aquel momento puso hasta de su dinero», comenta su hija Beatriz.
Y lo logró. Negoció y consiguió un aplazamiento de la deuda, salvando así al equipo de la desaparición. Entre 1993 y 1997, Salvio Barrioluengo fue presidente del club blanco donde consiguió, además, volver a Segunda B tras un paso fugaz por Tercera División y convertirse en un asiduo de las fases de ascenso: «Fue una auténtica locura pero al final lo sacó adelante» recuerda su hija.
En 2004 su repentina muerte conmocionó no sólo a un barrio sino a una ciudad que, como agradecimiento, decidió regalarle un espacio del que él se sentiría orgulloso: «La mayoría de sus hijos siguen viviendo en este precioso barrio y yo creo que él estaría superorgulloso. Sé que sus hijos lo están y creo que es una manera de acordarse de las personas que nos han dejado y que han hecho mucho por la ciudad. En este caso Salvio se lo merecía no sólo por cómo fue como persona y como político sino también como vecino de un barrio tan importante para él como era El Ejido», finaliza Ballesteros.
Así, desde su inauguración en 2006, el barrio de El Ejido convive con uno de sus vecinos más ilustres. Uno que llevó el barrio y el deporte por bandera, Salvio Barrioluengo.
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