MIKEL AYESTARAN
Jerusalén
Viernes, 12 de abril 2019, 01:25
«Si no lo consigues a la primera, inténtalo de nuevo». El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reaccionó así tras el fracaso del primer intento de su país para ingresar en el selecto club de potencias lunares, junto a Estados Unidos, Rusia y China. ... Sobre las 21:30 horas del jueves, hora española, un fallo técnico en el módulo espacial no tripulado Bereshit (que significa génesis o principio, en hebreo), abortaba la maniobra de alunizaje. 'Small country, big dreams', se leía en la pequeña nave junto a la bandera del país. Un gran sueño que tendrá que esperar.
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Habían pasado cincuenta días desde que Bereshit despegara desde Cabo Cañaveral (Estados Unidos). Hace una semana logró entrar con éxito en la órbita lunar, una maniobra crítica. Sin embargo, la fortuna le abandonó anoche en el momento clave. Tras comenzar la maniobra de aterrizaje, laaeronave perdió su motor principal e inició un descenso incontrolado que acabó de la peor de las maneras. Los ingenieros que controlaban y contemplaban el proceso de aterrizaje desde su base en Yehud comunicaron el fracaso de la operación ante un público expectante.
Entre ellos se encontraba el propio Netanyahu, que hace solo tres días obtenía una nueva victoria en las urnas que le permitirá gobernar otros cuatro años. El dirigente conservador ya asistió al lanzamiento en febrero y declaró entonces que «el verdadero combustible de esta nave espacial es la audacia y el ingenio israelí«. «Pese al pequeño tamaño de Israel, los logros de su gente son gigantes». añadió. Este jueves sólo pudo consolar a los ingenieros y conjurarles para volver a intentarlo.
Una de las misiones de la nave de la entidad privada SpaceIL y el grupo estatal Industria Aeroespacial de Israel (IAI), equipada con cámaras, sensores magnéticos y transmisores, era «medir el campo magnético del satélite» para «enviar de manera simultánea imágenes y vídeos», según informaron responsables del proyecto.
Los israelíes metieron en la nave espacial no tripulada una cápsula con archivos digitales que incluye una Torá (el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento), dibujos hechos por escolares israelíes, una copia del himno nacional y una bandera del país, así como literatura, fotos y canciones nacionales. Bereshit tenía apenas 1,5 metros de altura y pesaba 600 kilos, lo que le convertía en el módulo espacial más pequeño de todos los enviados hasta ahora a la Luna. Los medios locales destacaban que era también la primera misión cuya financiación –alrededor de 100 millones de dólares, unos 88,5 millones de euros– se basaba únicamente en donaciones privadas.
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