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El resultado de la primera vuelta de las elecciones francesas, superada por el presidente Emmanuel Macron y la candidata ultraderechista Marine Le Pen, se convirtió este lunes en munición contra Alberto Núñez Feijóo en manos del Ejecutivo de Pedro Sánchez. El riesgo de que ... el extremismo se haga con las riendas de un país clave para el funcionamiento de la UE no es nuevo, pero la coincidencia con la investidura de Alfonso Fernández Mañueco como presidente de Castilla y León, gracias al primer acuerdo de gobierno con Vox suscrito hasta la fecha en España, sirvió a los socialistas para señalar al nuevo líder del PP como cómplice de quienes amenazan la supervivencia de las democracias liberales.
La llegada de Feijóo a la presidencia del PP preocupa, en términos electorales, al PSOE porque, a diferencia de lo que le ocurría a Pablo Casado, su perfil de gestión y su trayectoria le permiten proyectar una imagen de presidenciable y situarse en una posición de centralidad por la que Sánchez pugna desde hace tiempo; especialmente, desde que acometió una radical remodelación de su Gobierno en julio del pasado año. Una imagen que el Ejecutivo se afana en derribar al tiempo que tiende la mano al jefe de la oposición en pactos de Estado.
«El PP y su nuevo líder tienen que hacer una reflexión y mirar a la derecha europea que está poniendo cordones democráticos a la extrema derecha, mientras que aquí en España está abrazado a ella», argumentó, en Antena 3, la ministra portavoz, Isabel Rodríguez, en alusión al llamamiento de la candidata del partido conservador de Los Republicanos, Valérie Pécresse, a votar a Macron para impedir la victoria de Le Pen en la segunda vuelta de los comicios, dentro de dos semanas.
La alusión del PSOE al comportamiento de la derecha en el resto de países de la UE es matizable. El presidente del Partido Popular Europeo, el polaco Donald Tusk, es especialmente reticente a los coqueteos con el extremismo, pero en el continente no hay una posición unívoca al respecto. En Alemania, donde no existe miedo a los gobiernos de 'gran coalición', y en Francia, donde el sistema de doble vuelta hace de filtro natural y ahorra al candidato la búsqueda de mayorías, sí existen 'cordones sanitarios'; en los países nórdicos, en Holanda, en Bélgica, en Italia o en Austria, no. Eso no quita para que el auge del nacional populismo de derechas se vea con inquietud por los partidos tradicionales.
Del mismo modo que el PSOE asumió hace tiempo que no podría gobernar sin Unidas Podemos y el apoyo de formaciones independentistas de la que hasta hace unos años abominaba, el PP se ha rendido a la evidencia de que le será casi imposible alcanzar el poder si no cuenta con el partido de Santiago Abascal. Este lunes, se sacudió de un plumazo la presión de los socialistas y dejó claro que también su partido apoya a Macron.
El nuevo coordinador general de la formación, Elías Bendodo, adujo incluso que es En Marche!, el partido centrista que lidera el presidente francés, y no Los Republicanos (heredera de la formación fundada por Jacques Chirac) el homólogo de los populares españoles. «El PP que dirige Feijóo es moderno y moderado, va a dialogar con todo el mundo y se parece al partido de Macron», sentenció.
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La paradoja es que no fue el único que trató de barrer para casa. Los socialistas también se arrogan la comunión de criterios con el presidente galo. Los partidos hermanos del PSOE y el PP están completamente hundidos en Francia. Pécress apenas llegó al 5% de los votos este domingo pero Anne Hidalgo, la candidata del PS, ni siquiera alcanzó el 2%. Isabel Rodríguez, sin embargo, reivindicó el pasado de Macron – que con el 28% de los votos frente al 23% de Le Pen ha mostrado mayor fortaleza de la que se le presumía en los últimos días– como socialista.
La búsqueda de paralelismos también colocó en una situación compleja a Unidas Podemos, que se identifica con Jean-Luc Mélenchon. El líder de Francia Insumisa obtuvo muy buen resultado el domingo. Fue capaz de aglutinar el voto de la izquierda y se plantó en el 22%, pero aun así quedó a un punto de Le Pen. En la noche electoral pidió a sus votantes que no den ni un voto a la líder de la extrema derecha pero evitó pedir el apoyo expreso a Macron y se limitó a pedir que en la disyuntiva entre la abstención y el líder centrista se actúe «en conciencia». «El neoliberalismo de Macron –argumentó el coportavoz de Podemos, Javier Sánchez Serna–no ha servido para parar ultraderecha, sino para engordarla».
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