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El nacimiento de una hija es, qué duda cabe, uno de los días más alegres en la vida de sus progenitores. Una pareja de Villaobispo de las Regueras no podrá olvidar la llegada al mundo de su retoño, no sólo por el final feliz de esta historia sino por toda la «odisea» por la que pasaron, según relatan, la noche del 24 al 25 de junio.
Son las doce y media de la noche y ambos acuden al Hospital de León. La mujer alude que tiene «contracciones con una regularidad de cinco minutos».
Después de analizar estas contracciones mediante un monitor, los responsables de obstetricia del centro afirman que no es necesaria la hospitalización. Añaden una pregunta que sorprendió a la pareja: «¿Vives cerca? Igual te toca venir en dos horas». Los padres, angustiados, vuelven a Villaobispo aunque la mujer sufría «un dolor inhumano» en torno a las dos de la madrugada.
3:00 de la madrugada y la situación no mejora, es más, empieza a empeorar y plantearse un traslado se antojaba imposible. «Me quiero morir», relataba la mujer, hastiada por el dolor. Sobre las tres y media de la madrugada y finalmente llaman a una ambulancia sobre las 3:30.
El padre de la criatura decide entonces bajar al portal para esperar a los profesionales de la ambulancia y que el sonido del timbre no despierte a su otro hijo de apenas año y medio.
La media hora de intervalo entre la llamada y la llegada de la ambulancia fue determinante: la niña nació en su casa.
La abuela del bebé y madre de la mujer embarazada se armó de valor para ejercer de matrona improvisada entre los esfuerzos de la mujer encinta y los ánimos y abrazos de su hijo mayor, que finalmente se despertó por los gritos y no dudó en apoyarle en medio de «un estrés brutal», según recuerdan días después.
«No llegaron, eran las cuatro y no llegaron», recuerdan. Dos operarios, un enfermero y un médico realizaron las labores posteriores al parto de forma eficiente ante el río de emociones por los que pasaba una familia que ya sumaba un integrante más.
La familia respira tranquila por el final feliz de esta historia aunque reconocen que siguen con estrés. «Suerte que vino bien», suspiran después de una noche inolvidable pero también «traumática».
La reclamación que han interpuesto ante la gerencia del Hospital enuncia una pregunta: ¿Es lógico que con dolores de parto te manden para casa sin ningún tipo de criterio profesional?».
Aunque no descartan interponer acciones legales, esperarán el plazo de un mes en el que, según les han informado, el centro debe responder a la reclamación. La pareja sólo quiere que paguen los responsables por una única razón: «Nos tocó a nosotros pero mañana puede pasarle a cualquiera».
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