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La provincia de León ha registrado varios incendios en los últimos meses debido a la mala combustión y la acumulación de residuos en las chimeneas.
El último incidente tuvo lugar el pasado martes 25 de febrero en la urbanización de Las Lomas, en Valdefresno, cuando el fuego comenzó a asomar por la chimenea de una vivienda. Gracias a la rápida actuación de los equipos de emergencia, la mayor parte de la casa no se vio afectada.
Aunque en esta ocasión no hubo grandes daños, los expertos advierten que la falta de limpieza en las chimeneas puede convertirse en una «amenaza real».
Julián Perejil, deshollinador de una empresa que trabaja en todo el norte del país, de donde él es encargado de León y Asturias, explica la importancia de su labor: «El trabajo de deshollinador ha existido siempre. Antes la gente limpiaba sus chimeneas, pero ahora recurren a profesionales porque no quieren ensuciarse o no saben cómo hacerlo», señala.
Julián Perejil
Deshollinador
Según Perejil, muchas de sus intervenciones ocurren cuando el problema ya es evidente: «Lo ideal sería revisar la chimenea antes de que haya fallos. Pero la mayoría de mis visitas son porque la chimenea ya no funciona bien».
La normativa del RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios) recomienda limpiar las chimeneas cada 3.000 kilos de leña quemada. Sin embargo, en la práctica, muchas personas esperan a notar fallos antes de llamar a un profesional.
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«Cuando el humo no sale bien por el conducto, cuando hay olor a quemado o cuando la chimenea empieza a revocar, es señal de que ya ha habido riesgo de incendio durante mucho tiempo», advierte Perejil.
El principal problema es la acumulación de creosota, un residuo que se adhiere a las paredes de la chimenea y puede bloquear el tubo, aumentando el peligro de incendio. «Si se deja demasiado tiempo, se compacta y puede prenderse con facilidad», explica.
El riesgo no es solo el fuego. Perejil advierte que una mala combustión también puede provocar intoxicaciones por monóxido de carbono: «Puede pasar incluso con la chimenea limpia. Si el fuego no quema bien, genera monóxido de carbono, que es muy peligroso».
Para evitarlo, recomienda instalar detectores de monóxido de carbono en las viviendas. «Son baratos y pueden salvar vidas», subraya.
A pesar de los riesgos, muchas personas no son conscientes del mantenimiento que requiere una chimenea. Perejil señala que el problema es mayor en viviendas donde la chimenea se usa con poca frecuencia. En zonas rurales, la gente tiene más costumbre de revisarlas. Pero en las ciudades, donde las chimeneas son más decorativas, la gente no piensa en limpiarlas.
Julián Perejil
Deshollinador
Su recomendación es clara: «No hay que esperar a que la chimenea dé problemas. Lo ideal es hacer revisiones periódicas y contar con profesionales para evitar tragedias».
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