Zigor Aldama
Shanghái
Viernes, 12 de julio 2019, 17:44
El comercio exterior chino mantuvo el tipo con dignidad durante el primer año de la guerra comercial que le declaró Donald Trump. Sin embargo, parece que en junio comenzó a sufrir la entrada en vigor de la mayor tanda de aranceles aprobados por Estados Unidos: ... después de que en mayo se incrementaran del 10% al 25% los aranceles que gravan productos chinos valorados en 200.000 millones de dólares, las exportaciones chinas cayeron un 1,3% en tasa anualizada y las importaciones se desplomaron todavía más, un 7,3%.
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Así, en el primer semestre del año, las exportaciones de productos chinos a Estados Unidos se han reducido un 8,1%. Pero los productos que China compra a su archienemiga americana son los que más están sufriendo, muy a pesar de Trump: entre enero y junio retrocedieron nada menos que el 29,9%. De esta forma, la balanza comercial bilateral continúa incluso más escorada: China le vendió a Estados Unidos productos y servicios por valor de 199.400 millones de dólares, pero solo le compró 58.900 millones.
En cualquier caso, la caída de las exportaciones el mes pasado fue menor que la pronosticada por la mayoría de los economistas, y el frenazo de las importaciones parece más relacionado con una reducción en la demanda del mercado chino que con los aranceles impuestos en represalia a los productos estadounidenses. No en vano, empresarios de diferentes sectores consultados por este periódico coinciden en señalar que la marcha de la economía china no concuerda con los datos macroeconómicos que ofrece Pekín. «Va mucho peor de lo que quieren reconocer», comenta el directivo de una importante bodega española.
Buen reflejo de eso son las caídas en la venta de productos de consumo tan diversos como el vino o los automóviles, mientras que el sector inmobiliario comienza también a dar señales de debilidad. El Índice de Gestores de Compras, utilizado como indicador del sentimiento de las empresas, continúa por debajo de los 50 puntos, lo cual vaticina una contracción de la actividad económica. A pesar de todo, hasta el momento los dirigentes chinos se han mantenido confiados en su capacidad para cumplir con el objetivo de un crecimiento del 6% marcado para 2019.
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