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Arte sobre las tablas del auditorio. Arte como demostración de libertad, de vivir sin complejos, de ser iguales que el resto.
Caperucita ha llegado desde Manhattan a León para demostrar que no existen barreras en la enfermedad del alzheimer y que tampoco hay edad a la hora de subirse al escenario y representar la adaptación de un clásico de los cuentos infantiles.
Los alumnos del Colegio Leonés han acompañado a los usuarios de Alzheimer León en el auditorio y ambos han demostrado tener muchas tablas y mucha ilusión.
Beatriz Cuellar, representando a Caperucita, reconocía que actuar con personas mayores ha sido «algo normal, como si estuvieras con tu compañero de clase», mientras que el actor Senén Rodríguez destacaba «el disco duro» de los más jóvenes, a quienes no se les olvida nada del guión.
Incontables ensayos, en los que cada día se incorporaba una nueva pieza, y una gran dosis de diversión han acompañado los preparativos de lo que ha podido ver el público desde sus asientos.
La historia narra la vida de Caperucita, un personaje alegre y feliz, que quiere ver todo mientras su madre la mantiene agarrada. Pero esta situación cambia los sábados, cuando se va con su abuela y logra sentirse libre.
Y esa libertad, la misma que siente la protagonista de la obra de Carmen Martín Gaite cada sábado, han podido sentir los usuarios de Alzheimer León, que a través del arte han recibido el empujón que necesitan para salir de su escondite. «La experiencia nuestra es muy buena porque es compartir y que la gente sepa que por tener una demencia o un alzheimer no tiene porque arrinconarse».
Dos pases de esta obra han servido para demostrar que niños y mayores son aliados del tiempo y que una enfermedad como esta solo es una barrera si no se quiere saltar sobre ella.
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Jon Garay y Gonzalo de las Heras
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