
El Odonista de la ciudad de León
El origen de sus calles
¿Quién fue la Condesa Sagasta y por qué el paseo más importante de la ciudad lleva su nombre?Secciones
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El Odonista de la ciudad de León
El origen de sus calles
¿Quién fue la Condesa Sagasta y por qué el paseo más importante de la ciudad lleva su nombre?Bienvenidos sean, como otras tantas semanas, a la sección que narra las peculiares historias que encierran los nombres de la ciudad de León. Y es que este Odonista ha de recordarles que durante anteriores entregas, el protagonista de este espacio ha sido el Paseo de Papalaguinda, consiguiendo dar una respuesta a su intrincado y peculiar nombre.
Pero no es Papalaguinda la única avenida que recorre la margen del río, pues a su llegada a la Plaza de Guzmán el Bueno, el callejero leonés se bifurca para darnos a conocer varias famosas arterias en las que nos adentraremos a continuación.
Como ese cruce de caminos milenario en el que versan cientos de opciones y posibilidades, la Plaza de Guzmán conecta Papalaguinda con otro de los paseos más importantes de León, el de la Condesa de Sagasta.
Antes de abordar su historia, procederemos a desgranar la historia de su homóloga perpendicular, una vía que une ambas veras del río Bernesga y que cuenta con una historia igual de portentosa que su grandiosa figura; hablamos del Puente de los Leones.
El Puente de los Leones no resulta más que el descendiente de un antiguo puente de hierro que unía la Avenida de Palencia y la Plaza de Guzmán. Este puente fue denominado como El Puente de Hierro de Saavedra.
Motivado por la construcción de la Estación del Norte, allá por 1860, el ingeniero Saavedra planteó un proyecto novedoso, influido por un modernismo casi latente en los leoneses y en una estética basada en el auge del ferrocarril que enamoró a todos los oriundos de la zona. No fue casualidad que el material escogido fuese el hierro, pues Eduardo Saavedra fue el encargado de construir la línea Palencia-León y la mismísima estación.
Por aquel entonces, Madrazo, restaurador de la Catedral, opinó que para unir ambas vertientes del río hubiera sido mejor un robusto puente de piedra, pero Saavedra, ingeniero inteligente y un empresario nato, observó dificultades al plantear el proyecto y, aprovechándose de su ventajosa posición y acudiendo a la picardía catalana de la que provenía, concluyó lo siguiente:
«Encontré lo más fácil y al mismo tiempo lo más elemental y airoso, echar sobre el brazo un puente colgante, ya que a ello me brindaban los materiales de repuesto que tenía para el ferrocarril».
Pero su proyecto, aunque bien ideado, resultó poco exitoso, ya que hubo, siete años después, de ser sometido a profundas reparaciones. Sucesivamente, fueron aconteciendo diferentes remodelaciones, que pretendían asegurar los pilares y ensanchar la superficie superior, consiguiendo, en 1967, el puente que finalmente ha llegado hasta nuestros días.
Una vez terminadas las obras de reestructuración del puente, se colocaron, en 1967, los cuatro leones característicos y que le dan su famoso nombre. Su leyenda ya forma parte de nosotros y sus figuras vigilan el acceso a la estación de León, dándonos la bienvenida y despidiéndonos siempre que emprendemos el camino hacia una nueva aventura.
Victoria Esperanza Dolores Mateo -Sagasta y Vidal nace en Madrid en un día de San Valentín del 1875. Esta noble mujer se casa con el descendiente del farmacéutico Dámaso Merino, muy famoso en la ciudad de León, Fernando Merino Villarino, cuando apenas tenían 17 años. A la muerte de su padre, el rey Alfonso XIII otorga a su hija el título nobiliario de Condesa de Sagasta.
Como ven, por aquel entonces, en 1905, el ahora conocido como Paseo de la Condesa era un cenagal, muy cercano al río, que apenas servía de ecosistema para aves y para algún que otro anfibio. Pero este lugar, que parece anodino y desprovisto de belleza natural, resultaba ser un lugar de peregrinación para Esperanza, quien lo recorría mientras disfrutaba de su contemplación y de la lectura de un buen libro.
Podría la Condesa haber llegado a conocer a este humilde niño que, implantando una tradición, se llegó a tomar dos fotografías en el mismo lugar, ofreciéndonos la posibilidad de conocer el avance de las obras en la margen derecha del río Bernesga y la prolongación de las vías del deseo desde la Plaza de Guzmán, hasta San Marcos.
Qué sensación tan peculiar al ver cómo ha crecido este querubín leonés, y sentir, tanto en él mismo, como a su alrededor, el paso del inalterable tiempo al que todos estamos sometidos.
En 1915, en honor a las actividades comerciales, a la cercanía de la mujer con el pueblo y a su impronta dentro de la sociedad leonesa y, más concretamente en la Asociación Leonesa de Caridad, el Ayuntamiento de León determina plantar árboles en el paseo por el que tantas veces transitaba Esperanza y renombrar al mismo con el odónimo «Avenida de la Condesa de Sagasta».
Después de diez años, Esperanza, la Condesa, fallece repentinamente a la edad de cincuenta años, en su hogar, a causa de una hemorragia cerebral. Un año después se celebra un funeral simbólico en la Catedral de León, pues su cuerpo había sido enterrado ya en Madrid poco después de su partida.
Aunque la Condesa nunca llegase a ver la magnitud de sus acciones ni la preciosa forma que tomó su paseo homónimo, seguro que sintió, de primera mano, el progreso de la ciudad y su contagioso espíritu de expansión.
El Paseo de la Condesa fue tomando forma y, estéticamente, se convirtió en uno de los preferidos de los habitantes de León, quienes recorrían Papalaguinda y la Condesa para perderse por sus jardines y parques hasta San Marcos.
En 1970, se proyecta, de forma hermanada, la construcción de varias pasarelas o puentes que sirviesen de unión a ambas márgenes del Bernesga.
Intentando evitar aglomeraciones en su cúspide durante los acontecimientos deportivos y consiguiendo ofrecer una visión diáfana e ininterrumpida del río, propiciando la celebración de actividades acuáticas, la estética del puente es sublime y delicada, habiendo puesto especial hincapié en este aspecto los arquitectos del mismo.
Su construcción alentó a muchas otras y se pasó de las entonces 3 conexiones con la Avenida de Sáenz de Miera, (puente de la circunvalación, el puente de San Marcos y el de Saavedra) a más de nueve pasarelas y ocho puentes que conectan un recorrido fluvial de casi 6 kilómetros.
El progreso ha conseguido eliminar las barreras naturales, salvar las distancias entre las márgenes de los ríos y dotar de vida a espacios olvidados. Y es que León es una ciudad entre ríos y, como en todas ellas, ha de proliferar la vida.
La Condesa de Sagasta nos ofreció la posibilidad de valorar el entorno, de disfrutar de un paseo casi olvidado al paso del tiempo y de estremecernos con la belleza del progreso humano.
Ahora, este Odonista se pierde por la Condesa, con un buen libro en la mano y emocionándose con toda la historia que rodea a los árboles que me observan desde las alturas. Se despide este paseante solitario y amante de lo divino hasta la semana que viene. ¿Qué otros secretos y leyendas nos aportarán los odónimos, o los nombres de las calles, de la ciudad de León?
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