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El arte de aventar, la trilla, el antiguo arado y algunos otros aperos olvidados para algunos y jamás conocidos por otros tienen su espacio en Gordoncillo. El Museo de la Industria Harinera de la localidad leonesa acoge durante una año esta pequeña muestra de la cual mucho se puede aprender.
Los aperos son obra del artesano José Antonio Álvarez Blanco, natural de Laguna de Negrillos, pero afincado en Valladolid desde hace más de cuatro décadas. Una artesano por naturaleza, minucioso y perfeccionista que no se ha olvidado de ningún detalle de la tradición y la agricultura de la provincia leonesa.
Un trabajo que nada tiene que ver con su profesión, pero que llevó a cabo para «enseñar a sus hijos cómo eran los trabajos en el campo», explica Fernando Barrientos, Coordinador Cultural y Turístico del Ayuntamiento de Gordoncillo.
Y ahora, para seguir con esta función de aprendizaje ha cedido sus maquetas al Mihacale de Gordoncillo por periodo de un año, para que así los escolares que visiten las instalaciones también puedan conocer aquellos aperos que se usaban antes de la llegada del motor.
Unos trabajos minuciosos realizados a escala 1:10 en los que todos los detalles cuentan y dan una gran idea de cómo se trabajaban las tierras o se limpiaba el grano tras la cosecha del verano.
Un total de 30 aperos, entre orcas, trillos, arados y demás útiles que conforman un recuerdo de lo que fue y, en algunos sitios, aún siguen siendo las tareas del campo.
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Abel Verano, Lidia Carvajal y Lidia Carvajal
Mikel Labastida y Leticia Aróstegui (diseño)
José A. González y Álex Sánchez
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