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Selima Bardón y Ana Leonato, madre e hija, en Casa Maxi en Vegarienza. Adrián Martínez

Casa Maxi, la despedida a un siglo y medio de historia

Las puertas del mesón se cierran para siempre dejando el Valle de Omaña de luto tras más de 144 años al frente de los fogones en Vegarienza

Lunes, 6 de mayo 2024, 08:11

Cocina de leña, cazuelas enormes sobre la mesa y un comedor en el que, para llegar, tienes que atravesar su cocina. Omaña despide entre pena y rabia a otro punto de referencia de la comarca que cierra sus puertas.

Casa Maxi fue fundada en 1880, con casi un siglo y medio de antigüedad, este mesón se convirtió en un punto de referencia de la comida casera en la provincia. Platos cocinados a fuego lento y comensales que esperaban durante horas para un hueco en un comedor que nunca cerraba sus puertas.

Selima Bardón y Ana Leonato forman parte de las cuatro generaciones que han creado Casa Maxi. Madre e hija, junto con Maxi mantuvieron un lugado que debe sus inicios a una sequía en Valladolid, más ubicada en Villabrágima. Parte de la familia de Bardón decidió emigrar y llegar a León. En la provincia se decantó por el valle omañes repartiéndose por los diferentes pueblos de alrededores y, sobre un solar vacío, las primeras piedras del restaurante, que marcaría la historia del lugar, fueron asentándose gracias a un tío de la suegra de esta, según explica la propietaria más longeva.

Los inicios de Casa Maxi

El restaurante nació bajo el nombre de «El Campesino» por su procedencia de Tierra de Campos y su cocina siempre fue la misma.

Tradiciones y tiempo de cocción con un grado de familiaridad fueron el secreto que abarcó este mesón repartido en tres siglos. Tras la salida del tío, Bardón siguió su legado. Apostando por los guisos, la comida tradicional y el bar «de toda la vida» este establecimiento contó con una zona de barra donde «ni en verano nos dejaban descansar», una zona de comercio, que sobre todo se basaba en la venta de productos básicos como aceite, sal o azúcar, y la zona del restaurante, que constaba de la cocina, que había que atravesar para llegar a su comedor.

Imágenes de Ana y Selima en la cocina de Casa Maxi. Lucía Gutiérrez.
Imagen principal - Imágenes de Ana y Selima en la cocina de Casa Maxi.
Imagen secundaria 1 - Imágenes de Ana y Selima en la cocina de Casa Maxi.
Imagen secundaria 2 - Imágenes de Ana y Selima en la cocina de Casa Maxi.

Fueron muchos los curiosos que se acercaban a conocer la cocina tradicional de leña, en la que con cartón, madera y carbón sus potas cocían a fuego lento durante horas para estar listas a la hora de comer. «Muchos días me levantaba antes de que saliera el sol para dejarlo todo preparado», explica Ana Leonato, hija de Selima.

Un lugar sin horario y sin límite de espera

Acostumbrada al fuego y a los clientes Leonata, ya considerada omañesa, preparaba la comida para los clientes que llegaban al lugar. El horario no era algo que preocupase a las dueñas. «Muchos días eran las cinco de la tarde y teníamos gente esperando para comer», recuerda Bardón. Algo a lo que aseguran nunca haber puesto ningún tipo de problema y con lo que la gente era «comprensiva» y entendía la situación.

Sin cerrar ni un solo día, salvo cuando la enfermedad llamaba a la puerta, Casa Maxi se convirtió en todo un referente en la provincia. Políticos, poetas y astronautas forman parte de la historia de comensales que han visto pasar por ese comedor. «A Pablo lo hemos visto crecer desde que es un niño», explica Maxi, dueño del establecimiento. Un «orgullo» para la comarca que recuerdan todos los presentes y que se refleja en los marcos colgados de todas sus paredes.

Pablo Álvarez, omañés y «muy comprometido» con su lugar de nacimiento, es una de las grandes figuras que ha dejado marcada la historia del mesón, pero no solo él. Serrat es otra de las imágenes que inundan de anécdotas Casa Maxi. «Nos avisaron de que iba a venir y que teníamos que cerrar el comedor para él y más personas de la Universidad de León», recuerda Leonato.

Un momento de «entusiasmo» en el que el cantautor disfrutó de la comida tradicional. En su paso hacia la localidad Berciana, gracias a un amigo en común, la parada asegurada del poeta supuso un antes y un después para el lugar, ya que muchos curiosos se acercaban al mesón para conocer la cocina que sedujo a Serrat.

El fin de un lugar histórico

El cierre llega «por obligación» ya que, según explican Selima y Ana: «Aún no teníamos previsto cerrar». «La salud es lo primero y ahora nos toca cuidar a Maxi», indican. Una caída del omañés al ir a defender los huevos de sus gallinas terminó trágicamente con una de sus piernas rotas. «Después de tantos años, ahora nos toca disfrutar», aseguran ambas.

Unas vacaciones para madre e hijos sin billete de vuelta al trabajo que les ha acompañado toda su vida y que, muchos de los clientes, no consiguen asimilar. «Nos llaman todo el rato para ver si la noticia es real», indican ambas.

Un hito en la historia que marcará el pasado de Omaña y que muchos lamentan no haber conocido antes.

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