Homo hispánico
Emiliano Aguirre Editorial Espasa Calpe. Barcelona, 2008
389 págs. 24,90 €
Coincidiendo con la redacción de esta reseña, (27-7-2008) los medios de comunicación se hacen eco de la identificación en Atapuerca de sedimentos con una edad de 1,7 millones de años y el hallazgo de una falange de un dedo de un niño o una niña con 1,3 millones de años, realizados durante la última campaña. Suele ser algo habitual el continuo goteo de noticias que genera Atapuerca y, por extensión, cualquier evento relacionado con la aparición de restos, que adelantan cada vez más la tozuda manía del ser humano de aparecer en cualquier sitio. Además, el yacimiento de Atapuerca es objeto de visita continua por ya casi cerca de cien mil visitantes al año que desean ser conducidos por las excavaciones de Atapuerca y recibir información de todos sus pormenores. Esto hubiera sido impensable hace treinta años. Este país, poco amante de las investigaciones científicas, ha dado un vuelco espectacular en este sentido. De repente, los orígenes del hombre interesan. Se editan libros divulgativos, se dan conferencias con masiva asistencia, se crean museos específicos y, como si de una locomotora de gran potencia se tratase, parece como si el fenómeno Atapuerca esté tirando enérgicamente del interés general por los descubrimientos científicos.
El problema es que cuando visitamos un yacimiento como Atapuerca sólo vemos una pequeña parte del laborioso trabajo que encierra este universo de investigación. Para que nos hagamos idea de cómo son las excavaciones arqueológicas, lo arduas que resultan y el tiempo que se necesita para que aporten información válida, hay que tener en cuenta los datos aportados por el autor de este libro: en veintisiete años, desde que comenzaron las excavaciones sistemáticas desde lo alto, la excavación en extensión del estrato Aurora en Atapuerca-Gran Dolina ha profundizado apenas 5 metros. Cuando un visitante visita el fascinante universo de Atapuerca debe tener en cuenta que el rendimiento que producen este tipo de investigaciones es a veinte, treinta o más años, aunque haya descubrimientos puntuales. Las excavaciones llevan tiempo y por eso cuestan mucho dinero. Pero tal y como se plantean los trabajos los beneficios son impresionantes: se obtiene información amplia y muy fiable de las circunstancias que se encierran en un área pequeña de terreno; todo un prodigio de conocimiento científico a la hora de reconstruir un pasado tan remoto.
Pero los estudios sobre la llegada de linajes humanos a la Península Ibérica no se concentran sólo en Atapuerca. Uno de los grandes méritos de este libro es hacer un repaso exhaustivo de todos los “puntos calientes” de la geografía hispana en la que ahora mismo se hace ciencia paleontológica o, dicho con otras palabras, donde las preguntas surgen a cada instante y las respuestas generan nuevas e inquietantes hipótesis sobre la evolución de la humanidad.
Ahí tenemos, por ejemplo, el yacimiento de Venta Micena en Granada y el discutido fragmento de cráneo infantil del llamado “Hombre de Orce”, de aproximadamente entre 1,2 y 1,3 millones de años, que actualmente está considerado como el fósil más antiguo encontrado hasta el momento en Europa (con permiso, como hemos visto, de las dataciones de lo que pueda haber aparecido en Atapuerca). O las interrogantes que plantean la aparición en Cueva Victoria, entre Alicante y Cartagena, de la segunda falange del quinto dedo de la mano derecha que pertenece, con toda seguridad, a la especie humana y podría estar datada entre 1,2 y 1,1 millones de años. El hallazgo de piedra tallada no hace sino acrecentar las perspectivas que se abren en este yacimiento.
Emiliano Aguirre sabe que, sin perder rigor, se puede hacer divulgación. Para quien no es especialista, pero siente motivación por las cuestiones relativas a nuestro pasado, hay muchas páginas sabrosas en contenidos fascinantes y, en algunos casos, polémicos. El gran investigador español desmitifica a la compañía de ferrocarril que abrió la trinchera de Atapuerca para que pasara la vía férrea, afirmando que su único propósito era alcanzar los huesos y los depósitos de fosfatos que estaban en sus entrañas. Eso sí; si no hubiera sido por ellos difícilmente podríamos haber sabido de la existencia de semejante filón paleontológico.
Hace 800.000 años el Homo antecesor, apreciaba en sus banquetes el canibalismo familiar. La valoración positiva de este hecho se encuentra en el sentimiento familiar que motivó el ingerir carne de familiares muertos (en una época humana de enorme mortandad), en vez de abandonarlos para que se beneficiasen los carroñeros. Incluso se apunta una idea inquietante: la sospecha de que determinadas situaciones de alto sufrimiento, debidas a accidentes, enfermedades o ataques de fieras, terminaran en eutanasia y posterior ingestión de sus restos.
Impresiona la enorme cantidad de restos humanos extraídos del hoyo de la Sima de los Huesos en Atapuerca; nada menos que el 90 por ciento de los conocidos en el Pleistoceno medio en todo el mundo correspondientes a 28 individuos cuya identidad, sus vidas y penurias, en una población en la que tener cuarenta años era ser viejo, han podido ser reconstruidos gracias a los excelentes oficios de Mauricio Antón. Todo ello junto a la descripción de las patologías que afectaban a nuestros antepasados, algunas no muy distintas de las actuales, como reumatismo, artrosis, etc. identificables por el estudio de los restos encontrados.
El último y apasionante capítulo de la historia evolutiva del hombre, aún sin desvelar en todos sus detalles, es la extinción de los neandertales y el auge de los humanos modernos al que Aguirre dedica la última parte del libro. Dos precisiones. Para el profesor Aguirre, el mestizaje entre neandertales y modernos es posible y lo contrario aún es preciso demostrarlo. La extinción de los neandertales no tiene una sola causa; más bien estaríamos hablando de convergencia de factores tales como el enfriamiento del clima, la aridez, las matanzas por parte de humanos modernos, la competencia de ADNs o la falta de inteligencia.
Libros como éste son fundamentales a la hora de acercar a la sociedad las contribuciones que realiza nuestro país en el campo de la paleontología. Las ilustraciones contribuyen a motivar la atención del lector que no pierde el interés en ningún momento, pese a los detalles técnicos, inevitables en este tipo de estudios. Un trabajo fundamental para conocer el estado de las investigaciones que, desde España, están revolucionando los conocimientos sobre el linaje humano.