
...Por una sencilla razón, yo no voto en Madrid. Así que no podré protestar si no se cumplen, cuando lleguen a Moncloa, cada una de las muchas promesas que han hecho y van a seguir haciendo los dos interfectos primeros y el tercero lo aplaude con su pobre verborrea, que parece no haber entrado en un bar desde que el rey de Bastos hacía oposiciones a sargento. Qué sabe nadie y, menos, Solbes.
En cuanto a Mariano Rajoy Brey he de decir que hoy estaría, con José Luís Rodríguez Zapatero, en el ojo de la polémica del informe Pisa, cuando ambos (adolescentes) estudiaban en sendos y respectivos colegios de León (por cierto, los dos privados). Nunca me pareció una figura estelar el actual presidente nacional del PP. Era un ministro más de un gobierno de derechas, que estaba haciendo lo que buenamente podía para sacar el país adelante, después de una larga trayectoria socialista, con Felipe González al frente. Pero aquella noche en Zaragoza tuve que elegir entre el entonces entrenador del FC Barcelona, Louis Van Gaal y Rajoy. Y me quedé con Rajoy.
Se celebraba un congreso nacional de Prensa Deportiva en la capital aragonesa, juntamente con la Gala Nacional del Deporte. A esta última habían concurrido los deportistas galardonados aquel año, entre los que se encontraban jugadores del FC Barcelona, con su entrenador al frente. Antes de entrar en el precioso y amplio auditorio de Zaragoza, Mariano Rajoy, a la sazón ministro de Educación y Ciencia (y por ende, del Deporte) fue requerido por los periodistas zaragozanos que cubrían el evento a una improvisada rueda de prensa, en la que le caían preguntas que no tenían nada que ver con el acto que iba a comenzar, por aquello, y por si acaso, de sacarle un titular apresurado. Acompañábamos al representante del Gobierno la presidenta de la Asociación Nacional de Prensa Deportiva, Mari Carmen Izquierdo y algunos de los congresistas que departiríamos durante una semana de la vida y milagros del deporte, los deportistas y sus circunstancias.
En un momento dado, se precipita un revuelo en el hall del auditorio maño y el movimiento de plumillas, fotógrafos y televisiones nos dejan solos (en el baile) al propio Rajoy, a Carmen Izquierdo y a este que suscribe. Había llegado Van Gaal. Eloysius Paulus (Louis) María Van Gaal. Mis compañeros de la prensa baturra eligieron al entrenador holandés. Y yo me quedé con Rajoy.
En aquel entonces me dio vergüenza ajena de mi profesión. Con toda mi acreditación de periodista deportivo en ejercicio, colgada del cuello, sentí el calor en la cara, porque en aquella ocasión, fue más importante un cantamañanas entrenador, cuyas respuestas había que dárselas en bandeja, sino querías que empezase la cantinela del "negatifo, tu eres un negatifo, nunca positifo", que un ministro de Educación y Cultura de España.
Tanto Mari Carmen como yo intentamos disculpar el exabrupto periodístico y yo aproveché para seguir conversando de lo divino y lo humano con el ahora presidente nacional del PP, a la vez que arrimaba el ascua a mi sardina, preguntando, ya entonces (1997 o 1998, no recuerdo) por las posibilidades de un circuito de velocidad en mi pueblo, La Bañeza. Más que nada, por matar el tiempo. Sin respuesta alguna contundente. Aunque sabía algo del asunto, pero estaba verde (que te quiero verde), pero muy verde aún en su departamento. Al concluir la Gala Nacional del Deporte, el ministro Rajoy tuvo la deferencia de despedirse de mí personalmente.
Así y todo, me quedó grabado en el disco duro de mi memoria aquella imagen, un tanto de desolación, de la espantada de mis compañeros, camino de algún titular explosivo del holandés. Vivimos en una España que prefiere las noticias deportivas a los castañazos políticos (ahí están los resultados de lectores y escuchantes de periódicos y programas deportivos, respectivamente). Creo que entonces y, creo que ahora, tenían razón mis colegas aragoneses: a Rajoy los siguen ninguneando las gentes del resto del panorama partitocrático. No ha pasado aún por el puesto de entrenador ni la ITV de su propio partido. Porque ¿Qué puede hacer un entrenador que tiene los vestuarios y el banquillo de su equipo patas arriba, a poco que se descuide? Y mira que se lo han puesto a huevo las meteduras de pata de mi paisano ZP (algunas gordas, para poder hundirlo y darle leña hasta en el carné de identidad). Pero extienden el palio de la estulticia los Acebes, los Zaplanas, los Gallardones, las Aguirres, las… Y…, cagado la hemos, Don Mariano.
Pues nada, macho, ahí se sigue quedando sólo (solo en el baile, con lo bien que lo baila la niña…), sin despegar de encuestas ni de valoraciones ciudadanas, por su empecinamiento en seguir mirando hacia atrás y hacia un retrato, sin dar un puñetazo encima de la mesa. A poco que pueda llegar un Van Gaal cualquiera y suelte una patochada, para un titular apresurado.
Y de esto sabe la tira el actual presidente del Gobierno de España (la primera en la frente). Porque además, Rodríguez Zapatero es un incondicional, hasta las cachas, del FC Barcelona (algunos lunes de otros tiempos, se vestía con las medias azulgranas, bajo el traje, que solo enseñaba a sus incondicionales, cada vez que ganaba su equipo) e hincha de aquel entrenador nacido en Ámsterdam y de todos los anteriores y posteriores.
Bueno, pues vale, oye, al fin y al cabo, ya te digo, yo no voy a votar ni a Zapatero ni a Rajoy… Porque yo votaré en La Bañeza, en la provincia de León y eso es otra historia para no dormir. ¡Ay Dios!