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EL BIERZO 
Un pueblo sin mina
Santa Marina de Torre es uno de tantos pueblos que sufre las consecuencias de la crisis minera cuando se cumplen seis años de la desaparición de Virgilio Riesco
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V. Silván       02/01/2014
Los mineros del pueblo al salir de la mina, con sus monos y las lámparas aún al cuello. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)
Los mineros del pueblo al salir de la mina, con sus monos y las lámparas aún al cuello. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)
Ya no suben los mineros la calle La Casona, ni se llenan los bares el día de cobro. Ya no se oye el murmullo de los compresores, ni el golpe seco de los vagones al volcar el carbón en la tolva. Ya no tienen los hombres pintada con carbonilla la raya del ojo. Santa Marina de Torre es ahora un pueblo distinto al que fue en las últimas décadas del siglo pasado, como son distintos otros tantos pueblos bercianos que ven cerrar sus minas y sienten que parte de su identidad se queda al otro lado de la reja, al fondo de sus pozos cerrados.

Hace seis años que se extinguió la empresa Virgilio Riesco en cumplimiento del Plan del Carbón (con su publicación en el BOE del 31 de diciembre de 2007) y la oscuridad se hizo para siempre en el pozo Mariángela, en esta localidad del municipio de Torre del Bierzo. De esos días de mina ahora sólo queda un rincón en la escombrera, con la recreación de una bocamina y un vagón con la frase “En recuerdo a los vecinos del pueblo han dejado su salud o su vida en la mina", una placa en homenaje a los ocho mineros encerrados en esa explotación en 1994 en la plaza que lleva el nombre de Virgilio Riesco y cientos de recuerdos guardados en la memoria de sus habitantes.

Santa Marina fue un pueblo que multiplicó su población a partir de los años 70, con la llegada de inmigrantes de diversos puntos de la provincia y España, pero especialmente de Portugal, concretamente de la zona de 'Tras os montes'. Así, muchos portugueses han hecho las maletas en los últimos años para emprender el camino de regreso con sus familias, lo mismo que muchos mineros retirados o prejubilados han decidido dejar el pueblo y moverse a localidades más grandes, como Bembibre o Ponferrada. No hay trabajo para los hijos de las familias mineras, que se ven obligados también a dejar el pueblo en busca de un futuro. Es entonces cuando se cierne la sombra de la despoblación.

Aún así la mina sigue formando parte de su memoria colectiva, de la fuerza de aquellas mujeres que acudían a 'escoger' el carbón cada mañana con la 'parva' (pan mojado con orujo y azúcar) y de aquellas celebraciones de la fiesta de su patrona Santa Bárbara, un día en la que la entrada de la iglesia se transformaba en una galería minera con la recreación de los cuadros y el posteo y cubierto con 'sardonas' (encinas). Un pueblo que sigue temblando y se estremece cuando empieza a escuchar las primeras notas de “Santa Bárbara bendita...tralaralaralaralá”.

La entrada del pozo Mariángela, en el pueblo de Santa Marina de Torre. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

Hora de bajar al tajo, con la bolsa con el bocadillo en la mano. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

Y el momento de la salida tras varias horas en las entrañas de la tierra. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

'Pesca' (I) y 'Jaus' (D), que participó en la Marcha Negra del 2010. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

Desde 1939

La empresa empezó a funcionar con el fin de la Guerra Civil, el 17 de agosto de 1939, como una empresa familiar con sólo dos trabajadores, uno de ellos el propio Virgilio Riesco y durante 68 años fue el sustento de un pueblo, llegando a tener 198 empleados en el año 1992 para extraer un cupo anual de 60.000 toneladas -al año siguiente hubo un cupo extraordinario de 95.000 toneladas-. Así, por sus galerías, talleres y tajos pasaron en prácticamente siete décadas unos 3.168 trabajadores y en ella se prejubilaron 62 mineros.

Unas cifras que contrastan con el momento de su cierre, estando entonces ya en manos del empresario Victorino Alonso. La extinción de la empresa se realizó con una plantilla de 18 trabajadores, de los que dos se acogieron a las baja incentivada y el resto fueron recolocados en Minex y Brañuelas, de Uminsa. Un ejemplo de decenas de pozos que año tras año van echando el 'peche', como ha ocurrido este año que acaba de terminar, en el que dijeron adiós las minas de Santa Cruz, Malabá y Torre.

Días de encierro

Virgilio Riesco destacó por un bajo índice de siniestralidad -siete muertos en 68 años de actividad-, ser una de las primeras extractoras que apostó por la mecanización de los pozos y, también, en la lucha sindical por la defensa del sector y de los derechos de los trabajadores. En 1991 su trabajadores protagonizaron un encierro en las oficinas durante 27 días y unos años después, en noviembre de 1994, ocho mineros se encerraron durante casi un mes a 200 metros de profundidad en el pozo Mariángela.

José Luis Ántunez “Fran”, Joaquín Augusto “Quintero”, José Antonio González «Pardal”, José Luis Morán “Selo”, Marino Jardino, Joao Carlos Seijas, Esteban Fernández y Manuel Ruiz, fueron quienes bajaron a las entrañas de la tierra para defender los intereses de una plantilla de 150 trabajadores que no querían quedarse en la calle ante el dictado de cierre de la orden ministerial de ese año. En ese momento se logró el compromiso del Gobierno de buscar un opción empresarial que garantizará la viabilidad de la minera y una “salida digna” para sus empleados.

Los ocho encerrados en el pozo Mariángela en el mes de noviembre de 1994. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

Las reivindicaciones no han cambiado en veinte años, siguen siendo las mismas. (Foto: Archivo AC Carqueixa del Bierzo)

Pero no hubo solución, la plantilla se redujo hasta los 61 trabajadores y los problemas económicos por las deudas continuaron. Así, la familia Riesco vendió la empresa a Luis Fernández Rayo que, tras el escándalo por la venta fraudulenta del carbón a la térmica, la dejó en manos de Victorino Alonso que en 2003 cerró Mariángela y cinco años después la extinguió definitivamente.

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