
... Se me mueven las neuronas y las entretelas locas al ver a los policías, entre los soles y sombras, paseando todo el día, mientras se le caen las horas del reloj de la Casona. Y le han puesto de postizo en el cinto una pistola, para asustar a los pobres que tropiecen en la lona o no pasen por la cebra de peatones la zona de La Bañeza, mi pueblo, pueblo que pueblo, pueblona. ¡Ay los guardias de mi pueblo!, ¡ay los guardias de la porra!
Yo me acuerdo, ¡ay Dios mío!, el día que una 'multona' de un duro, me puso un guardia, Matías, el de la porra, por andar en bicicleta, con el culo en banderola, dando pedales 'patrás', a aquella bicicletona. Reseñando en la papela aquel guardia de la porra exceso de velocidad, por medio la calle Astorga. Mi padre pagó la multa y salieron las perronas de mis nalgas azotadas, por zapatillas culonas. ¡Ay los guardias de mi pueblo!, ¡ay los guardias de la porra!
Siguen teniendo arredaños para poner las multotas, aunque los sábados pasan de vigilar la feriona, los coches bien apareados, los furgones y furgonas. Aparcamientos cachondos y saltándose la ORA, mientras tapan sus oídos a los cohetes y bombas… Nadie aparece a poner al infractor la 'penona'. Porque después, ni Dios paga y todo sigue de broma. ¡Ay los guardias de mi pueblo!; ¡ay los guardias de la porra!
A causa de muchos listos varios atascos se forman por las calles y las plazas de La Bañeza en cien zonas; pero el guardia de mi pueblo, a su cinto una pistola, va a pedir peras al olmo mientras se alarga la cola. Nadie le hace ya caso y hasta le tiran la gorra, si una noche va y se enfrenta a una 'pandilla' de copas, en una zona de voces, de ruidos y lunas locas. Por eso queda encerrado en su cuartela barroca, soñando en los nuevos días, cayendo siempre las horas. ¡Ay los guardias de mi pueblo!; ¡ay los guardias de la porra!
Más llegaron ya los nuevos, parecen buenas personas. Hay una chica entre ellos que donde las dan las toma y al que delinque le suelta una multa recachonda, aunque sea apenas nada, una infracción de perrona. Dos coches para patrullas recorren calles y zonas y otras dos motos de apoyo para no cansar la cosa, gastando las gasolinas sin cobrar ni una multona. Y siguen con disimulo en el cinto una pistola, paseando con sus coches y autoridad en la gorra. Mas en llegando los sábados todo se les desmorona. Los feriantes los torean, al escondite retozan y dormitan los parquímetros entre soles, entre sombras. Y habrá que decir de nuevo, a boca llena sin bromas: ¡ay los guardias de mi pueblo!; ¡ay los guardias de la porra!
Porque el sábado no existe, para estos guris les sobra. Los feriantes no obedecen y los coheteros explotan sus artefactos de fiestas, sus peligrosas bombonas. Mientras los coches patrulla duermen al sol y a la sombra sueños de sábado noche y de cómodas tumbonas. La Bañeza es anarquía en el mercado, "¡señora!, siete euros los zapatos y nueve si son con bola". No pasa nada en la calle, fin de semana de locas. ¿Y los guardias de mi pueblo? ¡ay los guardias de la porra!