
... / Dios es bueno y perdona / el desatino y ¿fervor?, / que une a los descreídos / y a beatos del Señor. / Qué lágrimas de cocodrilo, / bisbiseos de perdón. / Qué saetas y que cantos, / qué achuchones de balcón, / qué plante tiene el cofrade, / picorota de papón, / qué soberbia en los zapatos, / todo es pura exhibición.
¿Dónde quedó el evangelio?, / ¿es turismo o devoción?, / ¿Do los viejos fariseos?, / ¿dónde los pasos de Dios? / Que formen las cofradías, / sacad los tronos al sol. / El arte se vuelve agnóstico / y el Credo se hace ramplón.
Por las calles de esta España / de laicos y botellón / van los cortejos cromáticos / de santones y papón, / al son de los cornetines, / al redoble del tambor, / vomitando penitencias / sin tocar el corazón / de misereres latinos / y tararís sin razón. / Y mientras, desde la cruz, / "perdónales, oh Señor / por no saber lo que hacen / los sucios de corazón".
Siete palabras de Cristo, / la cruz como paredón, / van cayendo de lo alto, / el Gólgota se hace traidor. / "Consumatum es Domine", / gritó Jesús y murió. / Pero siguen los cortejos / de saetas y dolor / y en tanto, los costaleros / bailan al Cristo, ¡ay Dios!, / sin olvidar que los muertos / no bailan, que muertos son.
Por las calles de esta España / ya no desfila ni Dios, / pues detrás de penitencias, / procesiones y pasión, / tras la lluvia es el escampe, / llega la Resurrección. / Pero papones de blanco, / la corneta y el tambor / siguen su ritmo sin fin / aunque haya vuelto Dios.