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Para que los niños planteen estas cuestiones y las mamás sepan responderlas es para lo que se hacen muestras de oficios tradicionales como la que la capital leonesa acogió este sábado dentro de las actividades para abrir boca para las fiestas de San Froilán. Porque dentro de cien años será aún más difícil que los niños sepan lo que es el adobe, por dónde se empiezan los cestos o cómo se carda e hila la lana.
La muestra de oficios tradicionales leoneses realizada en la plaza de San Marcelo ha sacado a la luz todos estos oficios y muchos más. Como por ejemplo el de fabricación de tejas y objetos de barro, donde estaba Francisco San Juan dándole al torno con la gasolina más antigua del mundo: el sudor humano. A su lado un niño trasteaba con el material marrón, imitando al maestro artesano y creando la primera jarra que su familia no ha comprado en los 'chinos'.
Una de las dificultades para seguir realizando estos oficios tradicionales es, por supuesto, su dificil cristalización en 'duros' y la falta de mercado. A esta se añade, en algunos casos, la complejidad de encontrar la materia prima. Es lo que le ocurre a María Antonia Fernández, de Velilla de la Reina, que hace cestos con caña de centeno. En su caso el problema está resuelto. "Como yo planto, pues tengo", dice mientras trenza la caña.
A su lado otro artesano hace un cesto, uno de esos grandes que se acarreaban montaña abajo llenos de patatas o manzanas y que ahora son un elemento 'chic' en las revistas de decoración. A su izquierda se oye una canción tradicional, poco ejemplar, ya que dice que "el molinero se va con la herrera y el herrero con la molinera", una confusión de parejas a ritmo de pandereta y castañuela mientras los guajes, vestidos como sus tatarabuelos, corretean entre los cantos rodados que conforman el suelo de la plaza.




