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DIARIOS DE MAR Y TIERRA
Las temidas vacaciones
Ahora que cada día surgen etiquetas para nuevas enfermedades, además del síndrome post-vacacional creo que se debería también incluir el pre-vacacional...
Por Paula Amarante
...En serio. Esto afecta a personas con las que nos relacionamos habitualmente y, al final, terminan por desquiciarnos.

Los principios inamovibles con los que nos tenemos que enfrentar cada año por estas fechas se resumen en dos: hay que marchar de vacaciones y la opción que elijas siempre será peor que la de los demás.

La Semana Santa es el punto de partida; el calentamiento. Ahí ya te tienes que definir: ¿Julio o agosto? ¿Podemos en septiembre? ¿Algunos días en junio? Depende, todo depende (como la canción). Es increíble que en una oficina veinte personas sean capaces de ponerse de acuerdo para coger las vacaciones de forma escalonada. A mí me parece dificilísimo, casi como una de esas operaciones matemáticas con muchas variables: maridos, niños, abuelos, amigos… pero ¡¡se consigue!! (A veces a costa de los mismos, claro). Cuando ya tienes las fechas apalabradas, llega el momento de estudiar opciones. Aquí ya, entramos en el meollo del asunto. Agárrate, que vienen curvas. Es decir, hay que estar preparados para lo siguiente:

Primero: la curiosidad insana por la vida (y vacaciones) de los demás. Creo que es fundamental evitar que nadie te pille hojeando un catálogo de viajes, aunque los ojos avezados distinguen el formato de cualquier revista especializada en el tema o simples folletos publicitarios, a pesar de que lo disfraces con el periódico o lo lleves escondido en el bolso: ¿Qué pasa, estás buscando sitios dónde ir? ¿Ya tienes algo contratado? ¿Para dónde? ¿Y cuántos días vas?, etc. ¡Qué afán por saber! ¿Pero qué más les da?

Segundo: a ti te engañan siempre. Porque si vas una semana a la playa con oferta de avión + hotel, a tu interlocutor, que ha ido en esas mismas fechas a la misma playa con la misma oferta, ¡le ha costado menos dinero! ¿Es eso posible? Pues sí. El caso es que hagas lo que hagas, contrates lo que contrates, siempre vas a pagar la novatada, el no saber. Porque los que saben, los que se llevan los chollos, siempre son los demás.

Tercero: elijas la opción que elijas, eres un vulgar. Si vas a la playa… ¡cómo se te ocurre…, para estar como sardinas en lata! Si vas a la montaña, ganas tienes de despeñarte; y si lo que quieres es disfrutar de lo rural, ya tienes el pueblo. Si vas a un crucero, estás talludito o eres un hortera. Si miras un circuito cultural, eso no es cultura, es un aburrimiento. Si vas a un sitio conocido, es que sigues la moda. Si vas a uno desconocido… ¡uy!, ¡me equivoqué!, no hay sitios desconocidos para los más viajados. Y si se te escapa que vas a la casa de un familiar o amigo… la mirada de conmiseración (¡qué husmia, tiene que meterse en casa de otro, para eso mejor no salir!) te acompañará durante una buena temporada.

Cuarto: si no sales de casa, es que estás arruinado. No se les puede pasar por la imaginación que, a veces, hay días que no se pagan con dinero: el disponer de tiempo para estar en tu casa haciendo lo que te apetece o nada, simplemente sestear; ir al cine; leer en condiciones (de un tirón, me refiero); redecorar habitaciones; esa obra que siempre dejas para cuando tengas tiempo; quedar con gente que hace mucho no ves… ¡No, querida, no!, las vacaciones, para ser tal, tienen que disfrutarse fuera.

Quinto y último síntoma: tras el periodo vacacional no te molestes en contestar al “¿qué tal las vacaciones?”. En realidad lo que quieren es contarte las suyas. Y a poco tiempo que des, ármate de paciencia porque tras las fotos de rigor, llegan las películas del móvil o cosas peores, que de todo hay en la viña del Señor.

Ante situaciones como éstas, reaccionamos generalmente con buena educación, pero las palpitaciones, el estrés, el sonrojo (sí, el sonrojo porque hay fotografías que cualquiera con un mínimo de buen gusto no enseñaría jamás), las represalias (¡qué borde, todos aquí alrededor viendo las ciento cincuenta fotos de mi chico y yo en Punta Cana, y ella apenas presta atención!), y algún dolor de cabeza… no te los quita nadie, por lo menos hasta Navidad, que es otro hito vacacional a tener en cuenta. Pero de eso… ya hablaremos en otro momento.

Nos queda, por tanto, disfrutar de nuestras vacaciones, y sobrellevar las de los demás. Y quien tenga oídos que oiga, leí en algún sitio…
 

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