
... Cuatro décadas en las que no se pudo mover ni uno sólo de los símbolos y nomenclaturas impuestos por los vencedores, so pena de incurrir en un delito de orden público y otros actos punibles de desobediencia a las normas establecidas. Algunos de estos municipios lo hicieron por las bravas y otros, han tenido que atravesar un largo desierto, para no herir susceptibilidades sin sentido. Y casi todos han concluido el proceso y otros están en vías.
Junto a este proceso han nacido además, numerosas calles en los pueblos y ciudades, con la renovación del caserío y promociones urbanísticas que han aprovechado coyunturas, viejos nombres de caminos, costumbres e historias para nominar las nuevas calles, así como para cumplir con vecinos, benefactores, figuras históricas, patrimoniales y culturales de merecimientos sin complejos. Así y todo, cada poco, surgen nuevas peticiones de cambios de nombres, por causas de fallecimientos y acontecimientos puntuales.
Dentro de este último apartado, los ediles del PP de La Bañeza han sacado la iniciativa de dar el nombre del magistrado Roberto García Calvo, recientemente fallecido, a una calle de esta ciudad. Una iniciativa a la que me apunto, por supuesto. Pero… En esa iniciativa no decían los concejales populares cuál calle era la susceptible de cambiar. Yo apuntaría dos, por concomitancias con el fallecido y en las que vivió durante su estancia en La Bañeza, como son la de Antonio Bordas y la de Manuel Diz. Ahora la palabra la tiene el equipo de gobierno municipal bañezano.
De todas formas, los equipos municipales son reticentes a cambios. Principalmente, por los trastornos burocráticos que ello acarrea a los respectivos vecinos afectados por la permuta. Y más el Ayuntamiento de La Bañeza, que no ha sido capaz en los últimos diez años a corregir una falta de ortografía en una de las plazas más céntricas de la ciudad, como es la del obispo Antonio Briva Mirabent, la cual en todas sus placas reza como Miravent, por el capricho de un interventor, qui nomen non volo calentare cascos (de cuyo nombre no quiero ni acordarme, en latín macarrónico).
Yo sé que mi buen amigo don Antonio, obispo de Astorga durante 27 años, se removerá en su tumba, bajo el altar de la Virgen de la Majestad, en la Catedral Asturicense, cada vez que la B de su segundo apellido se cambia por la V, porque un listo de interventor municipal la defendió a capa y espada, contra viento y marea.
Nada más colgar los rótulos fui a protestar por activa y por pasiva de la falta de ortografía, dada la buena amistad que había tenido con el prelado. De palabra y por escrito solicité su inmediato cambio, documentado con toda clase de publicaciones del y sobre aquel obispo de Astorga. Pero fue imposible ante la cabezonería de ínclito funcionario. "Me lo vas a contar a mí que soy valenciano y ese apellido significa mirar al viento", me aburría el interfecto.
Ya entonces manifestaba maneras de su cerrazón que, en La Bañeza desembocó en la crisis municipal más nefasta de la historia del municipalismo español, dado que con su asesoramiento e interpretación de las leyes y negándose a hacer caso a la Junta Electoral Central, mantuvo en la alcaldía a un concejal durante nueve meses, con la oposición del resto de la Corporación, osease, de 16 ediles.
En la actualidad, en el Ayuntamiento de Zamora, este mismo señor ha sacado a relucir la nueva Ley de Paridad (hombres y mujeres), porque en las próximas fiestas de San Pedro, en los carteles taurinos solo hay toreros (hombres), así como en otros espectáculos del programa de festejos. Informando a la alcaldesa de la posible ilegalidad festiva. Que Dios la coja confesada.
Con el tiempo, en estos últimos diez años, he tratado con el alcalde José Miguel Palazuelo de corregir la falta de ortografía, en la plaza del Obispo Briva Mirabent. Pero parece ser muy difícil el aserto. Al fin y al cabo, suena igual, a poco que se le ponga un poco de acento catalán. Que el bueno de Don Antonio nos perdone a los bañezanos, a los que tanto nos quiso y apoyó, por esa vaguedad innata de la burocracia municipal. Así que el homenaje a Roberto García Calvo en forma de calle, casi seguro, tendrá que esperar. Ya que si cambiar una B por una V es tan complicado, qué no va ser un nombre y dos apellidos. Ojo al cristo que es de plata.