
...como un viejo de casi cien años que ya no le vale para hacer recuento de resultados. La remolacha, ese cultivo que las gentes de las Tierras Bañezanas han llamado y siguen llamando 'La Salvadora', la carga el diablo. Y sino, ahí están toda una batería de opiniones, documentadas y sin documentar, que en las últimas 48 horas están saliendo a la palestra.
Sabemos muy bien que la empresa privada no sabe de salvadoras ni de la madre que las parió. Fui testigo muy cercano del cierre de la factoría de Veguellina de Órbigo. Durante seis o siete meses se dispararon las alarmas llenas de pancartas, se cargó con percutor la remolacha y, cuando los responsables azucareros aceptaron una serie de prerrogativas para los trabajadores de la fábrica, las puertas de hierro de la antigua carretera de La Bañeza se cerraron y solo se abrieron para desmantelar lo que se podía aprovechar o para servir de almacén de azúcar de otras fábricas.
Nadie (o casi) se acordó de los labradores de las zonas del Órbigo y del Esla que entregaban sus raíces en esta casi centenaria azucarera. Los cuales tuvieron que buscarse la vida, apalancar las ayudas al porte que le ofrecían, no descuidarse en la contratación y…, buena va barbero.
Por otro lado, la fábrica de La Bañeza ha estado en el ojo del huracán del cierre empresarial durante muchos años. Una vez me dijo un empleado que por muchas inversiones que se estén haciendo, que yo le ponía como contrapeso (y en aquel entonces se hablaba de cerca de 500 millones de pesetas), la empresa, la compañía solo tenía que empezar a hacer números y al que Dios se la dé san Pedro se la bendiga.
Es la única azucarera que queda en León. De ello se echa mano para defender su permanencia. No nos engañemos, cuando Ebro o quien compre el sector remolachero de Ebro Puleva que va a quedar abandonado en cualquier rincón de la geografía, lo estime oportuno, cojera la llave de cerrar y hará de la factoría trinchera por aquello de que la remolacha la carga el diablo. Tres o cuatro mil familias de León, Palencia y Zamora quedarán con el culo económico al aire, aunque sindicatos, políticos y gente de mal vivir sigan despotricando contra la compañía, contra la desalmada empresa. Y tendrán que buscar otra Salvadora para poder llegar a la primavera con la cartilla de las deudas y de las trampas en abultada progresión.
Porque sacar a bolsa las acciones azucareras quiere decir que podrán optar también a las mismas gentes de Francia y Alemania. Dos naciones, principalmente, que están al ojo avizor para desguazar la remolacha española (cargada o sin cargar), que ya tuvo un noqueado importante, en los dos últimos años, con la OCM (Organización Común del Mercado agrícola) del azúcar. Dicen las malas lenguas y de doble filo que las empresas españolas han perdido dinero y competitividad. Bueno… Pero quienes más han dejado en la cuneta de su economía han sido los remolacheros, perdiendo dinero cuando más falta les hace para pechar con los nuevos e imparables regadíos, entre otras minucias del mantenimiento de su patrimonio.
Esto es lo que hay. Los consejeros de Economía y de Agricultura de la Junta de Castilla y León piden calma, a la vez que certifican su vigilancia en las futuras transacciones accionariales. Los responsables de los sindicatos agrarios y de los trabajadores han sacado su lengua a pacer por periódicos, televisiones y radios. Y los remolacheros… Ay los remolacheros y su Salvadora, cargada, pero con la espoleta mojada…
Cada mediodía, con el permiso de la autoridad y si el tiempo (la lluvia principalmente) no lo impide, pedaleo por la carretera de Villalís, camino de Sacaojos y San Mamés para estirar mis piernas de las largas sentadas. Al llegar a la parte trasera de la azucarera de La Bañeza compruebo cómo van las obras que se están llevando a cabo en la factoría, con la instalación del punto cero de la remolacha y otras estructuras medioambientales y tal, que dicen los responsables, costarán más de nueve millones de euros (1.500 millones de las antiguas pelas). Pero ya me lo decía mi amigo empleado: esto no vale para nada, a poco que los empresarios afilen los lápices de echar las cuentas del cierre.
Máquinas y operarios desmontan las viejas instalaciones y construyen, a marchas forzadas, otras más modernas. La campaña de remolacha está a la vuelta de la esquina. Que este año será más pequeña, porque los agricultores (los únicos que parecen tener los pies en el suelo en este lío) auguraron que los últimos riegos del mes de septiembre iban a ser imposibles, dado que la santa meteorología les ha dado este invierno-primavera la espalda. Y ni vírgenes ni cristos de rogativas han puesto de su bolsillo la lluvia y nieve necesarias para llenar los pantanos.
Al final, los morteros de tiro se cargarán con remolacha si esto no cambia, antes de que se entonen los sones legionarios a La Salvadora; "soy el novio de la muerte…". Requiescat in pace.