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Mientras en la memoria de la sociedad española esta semana volverán a estar presentes aquellos atentados José Emilio Suárez Trashorras vive su día a día, condenado como colaborador necesario para los atentados (él fue según la sentencia judicial el responsable de facilitar el material explosivo), en su celda de la cárcel de Mansilla de las Mulas.
Módulo terapéutico
En este centro penitenciario, donde se encuentra en un módulo terapéutico, Trashorras sigue un estricto tratamiento para su trastorno esquizoide. Hoy este condenado, que cumplirá finalmente y según la legislación vigente no más de 40 años de prisión, pasa las semanas haciendo deporte, jugando al parchís y leyendo la prensa. Y lo hace a la espera de que Constitucional resuelva el recurso presentado con el fin de que se anulen las actuaciones por defectos de forma.
El Trashorras de hoy, aseguran, ha 'evolucionado' de forma favorable. Su defensor asegura que ya no tiene brotes psicóticos y ha abandonado la obsesión que le perseguía en los primeros meses en el centro leonés, cuando temía que vecino de celda tenía como única misión matarle.
Obsesionado con su vecino de celda
Llegó a León con 'manía persecutoria', algo que ha sido corregido con el tratamiento médico, aunque se le tacha de desconfiado hasta el punto que apenas se comunica con el resto de compañeros de módulo.
No tiene amigos. Trashorras vive en un módulo relativamente cómodo, pero no despierta aprecio entre el resto de la población recluso, más sabiendo que se trata de un ex confidente policial y del cooperante necesario en la muerte, por el atentado terrorista del 11-M, de 191 personas y del GEO Francisco Torronteras, según el fallo de la Audiencia Nacional ratificado por el Tribunal Supremo.
Mientras, los días pasan con tranquilidad en Mansilla. Trashorras recibe una medicación más acorde con su estado anímico, mediación muy alejada de la megadosis a la que estaba sometido durante las vistas orales del juicio del 11-M.
'Como una mula'
Hoy su imagen, según revelaba hace unas fechas elcomercio.es no tiene nada que ver con la que proyectaba detrás de aquella urna de cristal en la que estaban los imputados en prisión preventiva. Aunque sigue pálido, «está como una mula», dicen, debido al deporte que hace, a que se alimenta bien, juega al parchís y procura mantenerse informado leyendo la prensa diaria que llega a la penitenciaría.
Trashorras, según su abogado, ha mejorado física y mentalmente, aunque su fortaleza más mental que física, será sometida a prueba esta misma semana, cuando en la tele que pocas veces apaga vea las imágenes de los atentados del 11-M, y a las familias de los más de 190 fallecidos y 1.700 heridos.

