Viernes 30 de julio de 2010
25/02/2010
Acompañado de Miguel Cordero del Campillo, quien alabó el empeño y la labor literaria de Campal, el autor reconoció sentirse cómodo en su reencuentro con la tinta y el papel.
'Textos al aire', la última obra del autor leonés, citó en la sala Gordón Ordás de la Universidad de León a un notable grupo de "ante todo buenos amigos". Francisco Álvarez, subdelegado del Gobierno en León, Mario Amilivia, ex alcalde de León y hoy presidente del Consejo Consultivo, José Ángel Hermida, rector de la Universidad de León, además de compañeros y articulistas como Carlos Bouza Pol o Eduardo Bajo acudieron a la cita.
'Textos al aire' es un descubrimiento del autor de su obra. Es un libro personal, 'estilo Campal', y bajo su singular filosofía.

Mario Amilivia, José Ángel Hermida y Francisco Álvarez, durante la presentación.

Un buen número de amigos y compañeros se dieron cita en la presentación de 'Textos al aire'.
Singular y único
Desde hace tres años, Juan García Campal (Oviedo, 1954) anda metido en buenas relaciones con las musas, fruto de las cuales surge, anualmente, un libro de relatos cortos en los que este artesano de la palabra es maestro consumado. Palabras con ángel (2008), Escritos con Lara al fondo (2009) y estos Textos al aire, que ahora aparecen, son una buena muestra de la incansable (algunos diríamos que envidiable) voluntad literaria, en un escritor capaz de mantener con especial buena salud un blog (con todo lo que esto supone), y ejercer de columnista y comentarista en distintos medios informativos.
Conociendo a García Campal, la escritura se convierte en un acto de supervivencia que, de paso, es aprovechado por una buena legión de seguidores para compartir su peculiar visión literaria de la realidad.
Textos al aire, sin querer ser etiquetados por su autor como cuentos o relatos, son veinticuatro pequeños textos (los más extensos no tiene más de seis páginas) construidos con “una forma de decir” en la que García Campal resulta inimitable. La originalidad de algunos relatos, su ironía (sólo hay que leer el titulado Un caso, ¡qué cosa!, de celos), su gusto por los detalles más introspectivos (“prefería más estar solo que acompañadamente solo”) y por la pincelada precisa que fija el tono general (“Cuando le reencontré, ya tiempo pasado,… se sonrió, tan sólo se sonrió”), la perfecta síntesis en una misma frase de soliloquio y narración, sus construcciones sintácticas personalísimas y las frases largas (las dieciocho líneas sin un punto del segundo párrafo de Un caso polícromo y didáctico son todo un reto que el lector asume con gusto), todo ello al servicio de un material temático basado en lo cotidiano, otorgan al conjunto un extraño carácter inquietante que, en el caso del relato titulado ¿Y si el viento cambiara?, se convierte en turbador. (La verdad es que todo el conjunto mantiene una atmósfera a mitad de camino entre lo conmovedor y lo desconcertante).

Pero siempre, y como un mágico velo cubriendo -en ocasiones, más o menos intensas- la atmósfera de los textos, el delicado humor de Campal se desliza, con sigilo, entre la aparente gravedad de los sucesos narrados (“Fuentes jurídicas cercanas a los organismos internacionales aseguraban que, dada la imposibilidad de demostrar la tenencia de los objetos cuya sustracción se le achacaba,… desde una maceta con un geranio rojo…”). De la misma forma, una poesía delicada envuelve a los personajes de Campal, ciertamente con un halo de perdedores, que a este comentarista le recuerdan vagamente a Romano, el protagonista de Ojos negros, la maravillosa película de Nikita Mikhalkov protagonizada por Marcello Mastroianni.
Y como siempre que se comentan relatos ajenos tienen que salir a relucir alguno favorito, uno no puede por menos de sentirse muy a gusto con las excelencias del titulado Estaciones de mujer, donde no se sabe qué admirar más: si el estupendo equilibrio entre contenido y forma, o el progresivo encantamiento que invade al lector, ante el proceso de enamoramiento -realmente inolvidable y antológico- de la singular protagonista. Todo ello, sin olvidar el primero de la serie, La dama del viejo Nicolás, un sorprendente y poético guiño de Campal a un descubrimiento esencial en la vida de algunos seres.
A estas alturas de la vida, cuando se comienza a estar bastante empachado de tanto cantamañanas literario, libros como éste dejan el regusto de que no todo está perdido. Y eso que, en el fondo, las palabras de Campal andan todas metidas en una harina melancólica que deja un regusto muy especial. Además, como la encuadernación del libro es flexible, de poco peso y adecuada al bolsillo, permite sacarlo en cualquier momento y leerlo. Es muy posible que -por ejemplo, esperando alguna cola- alguien nos vea sonreír, con una cierta levedad, al leer algunos de estos textos al aire que Juan García Campal deja temblando en el silencio, en la soledad y en la ternura de los días. Al fin y al cabo son la gran verdad de su silencio, su soledad y su ternura. Y eso es muy de agradecer.
TEXTOS AL AIRE
Juan García Campal
Editorial Akron. León, 2010
146 págs. 12 euros
|
|
Ranking de noticias
1 | Las señas de León tocan el cielo
2 | Fomento prorroga las obras del tramo León-Santas Martas de la autovía hacia Vall...
3 | Merayo: "La irresponsabilidad de la Junta puede acabar con la intervención del B...
4 | La Plataforma Logística de Torneros-Grulleros creará más de 3.000 puestos de tra...
5 | La electrificación entre la plaza de Santo Domingo y la estación de Matallana, a...
6 | Baloncesto León se queda en el 'chasis' económico
7 | Más nombres para la nómina culturalista
8 | El Ayuntamiento mostrará el lunes la documentación para evitar que el juez paral...
9 | La Junta de Castilla y León aprobará la fusión entre Caja España y Caja Duero en...
|
