
...¿las negociaciones?, las…, contra la desaceleración económica que dice el Gobierno Zapatero. Nada de crisis, soantipatriotas, solo que se ha roto el acelerador. El limbo donde deben vivir las gentes que nos gobiernan debe estar blindado para no escuchar los gritos de la gente. Así que es preciso salir a la calle, cortar carreteras, amarrar los barcos y trancar los tractores para ver si, por fin, el señor Solbes y el señor Zapatero se enteran que, antipatriotas, lo que se dice antipatriotas, son ellos.
Que no tienen soluciones, pues que lo digan. Pero que no nieguen la mayor como lo vienen haciendo desde finales del 2007, cuando todo bicho viviente ha visto cómo suben los precios de todo, las hipotecas de todo, los créditos de todo, la vida de todos. Ya empezaron las huelgas. ¡Hala palante! A ver como salimos de esta, porque sino se mueven, sino nos movemos, los sordos patriotas que nos mandan no se enterarán de lo que vale un peine, lo que vale el litro de gas oil (o gasolina), de los que llegamos a los fines de mes, de que si la Virgen del Pilar dice.
Aplauso pues para las gentes de la carretera, de la mar y de la agricultura. Todos ellos ahora (al menos tienen el denominador común del combustible) encajonados en aquel cantar, que los chicos de Franco prohibieron por extremista: "Somos de la gasolina, la gente más fina que el mundo parió". Pero se mueren de hambre. Nos morimos todos de hambre.
Y el pero, las gentes de a pie, los peatones que componemos el último cangilón de esta noria de la vida de pipas y caramelos, que solo estamos para aplaudir y para que nos joda todo dios, ahí nos las dan todas, por detrás y por delante. Los cimientos del quehacer diario económico que compramos el pescado de los marineros y la verduras y la carne de agricultores y ganaderos, los pisos de los ladrilleros, transportado todo ello por los camiones de los camioneros, a joderse y a aguantarse.
¿Quién defiende nuestras posiciones? Nadie, oiga. Los del último cangilón hemos nacido para sufrir (que decía mi amigo Paco Blanco, Quevedo), para aguantar a los del Gobierno, quedarnos desabastecidos de carnes y pescados, del pan nuestro de cada día y del agua embotellada y servir de extra en los atascos que conforman camionadas y tractoradas. Aplausos, sí, pero que nos jodan lo menos posible. Atascos, sí, pero también que lleven los camiones, los tractores y los barcos a las puertas de la Moncloa. Desabastecimientos, sí, pero sin llegar a resucitar los estraperlos de los años 40 del pasado siglo.
La inmensa mayoría somos del último cangilón de las huelgas. Me explico, ya que muchos no sabrán, ni sé si la palabreja viene en los diccionarios de la Real Academia de la Lengua o es un modismo popular de parloteo pardo resucitado. Los de pueblo llamamos cangilones a los cántaros de chapa que forman la reata de una noria, movidos por la rueda y la diferencial dentada, empujada por una caballería (principalmente un mulo o un burro con los ojos tapados). Este ya es un cangilón mecánico. Pero aquí en las Tierras de La Bañeza, cangilones eran los calderos atados a una cuerda (tres o cuatro) que subía del pozo una polea de madera o hierro. El último de los cuales se cargaba con los arrames de los primeros al moverse.
Y es que el último cangilón de la noria, el último cangilón de las huelgas somos la inmensa mayoría de los ciudadanos que consumimos los servicios y productos mal pagados por los que protestan ahora, camioneros, tractoristas y barqueros. Los que llevamos todas las ostias colaterales que se escapan de la refriega, en forma de aguante de chaparrones, desabastecimientos, atascos y toda la pesca.
No hay quien nos defienda, oiga. No protestes ni a los gobernantes ni a los huelguistas. Y aplaude. Para que nadie diga que eres un antipatriota de mierda. Y si tienes hambre de gasolina, de carne, de verdura, de pescado, de ipecés, de euribors, de gallinas jóvenes en ácido acético (vulgo: pollas en vinagre)…, te aguantas o, a lo sumo, junta las palmas de las manos y reza un "pan nuestro de cada día dánosle hoy" (en latín: panem nostrum cuotidianum da nobis odie). Porque ya han empezado las huelgas, ya el Gobierno zapateril sigue sin enterarse de nada, "ya viene el cortejo, / ya se oyen los claros clarines", que diría Rubén Darío y…, los del último canjilón, esperando el santo advenimiento. Amén.