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CON VENTANAS A LA CALLE
El filósofo de la mirada baja
Que conste, la definición no es mía, ni mucho menos. Un buen amigo, labriego de un pueblo cercano de la ribera del Órbigo, fue quien la soltó al viento, alrededor de unos vinos, cuando libábamos los últimos culines de una cerveza: "Voy a echar las últimas comidas al pilón, a mi filósofo de la mirada baja, por ver si completa las 22 arrobas de rigor"...
Por Polo Fuertes
19/01/2008
...Quizá la mejor definición literaria de un cerdo cebón. Pedí recado de escribir al camarero y me apunté la frase y el pensamiento. Nunca lo habría imaginado, pero lo cierto es que el sufrido cerdo puede llevar con la cabeza muy alta esta definición de filósofo de la mirada baja.

Sobre todo después de haber estado observando este fin de semana al cocho de San Antón en La Bañeza, en el remolque-carroza en el se expone cada año por estas fechas. Mientras, los cofrades sanantonianos vendían las 'últimas' papeletas para la rifa del animal, el filósofo de turno de la mirada baja. Más de una hora estuve mirando al marrano de buenos lomos que este año rifaban los cofrades, y ni una sola vez levantó la vista del piso del carruaje, por más que le cuchicheé a la oreja cien chistes y mil paridas. El bueno del cerdo siguió rumiando sus pensamientos filosóficos sin levantar los párpados. Quizá augurando el destino final del posterior peldaño tras la rifa dominguera: una muerte, sin retorno, para la vida de los humanos.

Filósofo de la vista baja que en los últimos años ha entrado en entredicho con las modas de adelgazamiento, colesteroles y triglicéridos en los foros donde siempre fue bien recibida su cátedra. Ahora que en tierras del norte de Europa comienzan a ensalzar sus pensamientos y meditaciones, sus lomos y chorizos, sus morcillas y jamones, sus morros y rabos, sus salchichones y botillos. Toda una batería de premisas de silogismos hacia conclusiones incontestables, con la vitola y nomenclatura de la dieta mediterránea.

Y para colmo de desdichas, los amantes de los animales (dicen ellos) han sacado la moda del atontamiento anterior al sacrificio, como la última indignidad aturdida de tu muerte, querido filósofo de la vista baja. Qué poco saben estas gentes de tus sofismas y pensamientos vistobajeros. ¿Acaso atontó alguien al viejo Séneca para que tragara su última cicuta sicológica?

Me fui separando de la carroza de San Antón con un adiós entre dientes. No fuera a pensar alguno que intercambiábamos metáforas sin el debido atontamiento, y llegara la multa de los antinosequé. Después, al pedir el vino en la tasca de turno me ofrecieron de pincho una raja de chorizo, y me volví a acordar del filósofo de la vista baja, rumiando sus pensamientos mientras sonaban al lado las notas de la dulzaina y el rítmico mamporreo del bombo, entonando aquello de :"San Antón, San Antoñico, / el diez y siete de enero...". Pero tú ya estabas pasando a limpio los últimos testamentos, para añadir a las arrobas finales de una muerte digna y sin atontamientos.

Y es que, la más de cuatro veces centenaria cofradía de San Antón de La Bañeza celebró este fin de semana su fiesta, rememorando la tradición y cumplir con la Santa Regla. 50 cofrades (ni uno más ni uno menos) se echan a las calles de la ciudad, bailando alrededor de un pequeño remolque, debidamente engalanado, que porta el filósofo de turno de la mirada baja. Las arrobas del balancín de la romana varían de un año a otro. Pocos o ninguno  llegan a las famosas 22 arrobas (Unos 250 kilos, si se tiene en cuenta que cada arroba suponía 11 kilos y medio) de mi convecino de barra de bar. Esta fue, durante mucho tiempo, la mejor pesada para los viejos filósofos de mirada baja, a 30 años vista, de aquellos que se cebaban en las pocilgas de todas las casas de cada pueblo de España.

Una fiesta en el que la copla es parte del ritual ("San Antón, San Antoñico, / el diecisiete de enero…"). Desde esta que cantan los cofrades como el mejor himno de tres los días de celebración, así como la 'homilía' que pronunció en verso el pregonero de turno de San Antón, antes de iniciar la masiva bendición de los animales en la plaza de la iglesia parroquial de San Salvador. Para sortear en la Plaza Mayor, después, al cerdo de San Antón, ese filósofo de la mirada baja.

Después, la fiesta continúa en la jornada del lunes (después de la festividad), como manda el ritual en la liturgia de la Santa Regla de la cofradía de San Antonio Abad. Recogida del juez saliente, que invita a sus hermanos a un ágape, a base de chorizo cocido, empanada y otras viandas, regadas con buen vino y postre de bollos incluido, de cara a coger fuerzas para trasladarse andando a la pedanía de San Mamés, donde oirán misa ante el santo Patrón y posterior procesión. A la salida, el aperitivo se hace con pan de hogaza y de nuevo chorizo, pastas y vino, para la vuelta a La Bañeza, donde tendrá lugar la comida de hermandad. Bailes vespertinos e entronización nocturna del nuevo juez, que tendrá que volver a invitar a sus hermanos a un ágape contundente de despedida y fin de la fiesta anual.   

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