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EL SAPO INTRAGABLE
Desde el dolor
Te levantas con el ánimo de acabar unas cavilaciones sobre el estado de opinión...
Por Juan García Campal
...precongresual de los populares –la ley del silencio les afecta a ellos únicamente y más bien debería denominarse ley de por lo bajini y de reojillo que nunca sabes con quién te juegas los futuros- u otras sobre el proclamado “avance en la laicidad del Estado” que, al descartar –no quiere el Gobierno de España ni oír hablar de ello- la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede, 1979, más bien parece que será un avance en “café para todos” a través de la reforma de la Ley Orgánica de libertad religiosa y una inquietante “protección de las ideas de los que no creen”. Te levantas así, sí, pero cometes el error de, en vez de seguir encerrado en tus cavilaciones, conectarte a la realidad. Y ahí está ella con su sobredosis preparada para joderte el día. Pues resulta que mientras uno dormía placidamente de nuevo la asesina ETA ha segado una vida inocente en Álava. Se aplazan las cavilaciones.

Es lo malo de la barbarie, es tan salvaje, tan primaria, que si bien no impide –que más quisieran- sí retrasa otro tipo de procesos humanos más elevados –por qué no, mis cavilaciones- al arrastrarte de alguna manera a su pozo de salvajismo.

Porque no sé a ustedes, pero a mí cuando me enfrento a algún crimen, a alguna injusticia de este tipo –y también de otros de los que me es más fácil desviar la mirada, la conciencia- el cuerpo, la parte más visceral de él, esos lugares donde debe residir aún lo más ancestral de la especie (los cojones, el hígado, el corazón) me pide a los primeros latidos igualarme a ellos, dejarme de consideraciones y usar con ellos la misma sinrazón. No sin esfuerzo consigo reconducirme al estado de razón y por ello de derecho. Porque qué más quisieran ellos en el fondo que nos igualásemos y entrásemos en una espiral de sinrazón e ilegítima violencia. Así que me ato los machos y regreso al camino de la razón, al de la unidad democrática, a la conciencia de que cuando atentan contra alguien, por dispar que de mí sea, también contra mi atentan, contra lo mejor de mi, contra mi libertad de pensamiento, contra la Libertad de todos.

Y claro, comienza uno ya de nuevo a preguntarse cosas. ¿Qué razón pasada, presente, futura puede llevar a tal salvajismo? ¿Qué idea tan elevada puede conducir a este tipo de acción? ¿Qué patria, que nación? ¿Qué existe tan elevado que exija la vida de otro? Nada, ninguna. Y vuelve este apátrida sentimental a sentir todo el peso de las grandes creencias, de los grandes valores, de las grandes ideas, de sus voceros, de nuestros salvadores de varia índole y competencia y una gran angustia y una gran soledad ante tanta idea que esclaviza en vez de liberar.

Un hombre, valor supremo, ha sido asesinado. Sin duda alguien cercano sufre más que nosotros su pérdida. No entiende nada. Siente rabia y odio y más. Hemos fracasado todos. Seguimos teniendo pendiente la gran revolución, la de todo el año, la de la razón, la de la paz, la de la libertad.

Ustedes perdonen, ya saben, cosas de mis cavilaciones desde el dolor.

Juan García Campal
http://juancampal.blogspot.com

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