
...Y así, me pregunto si se referirá a España ese su país de “a los leoneses que en 1808 se levantaron por la independencia de
su país” que reza la placa conmemorativa ad hoc –y si es así por qué no se pone con todas las letras, ¿nos hace menos autónomos?- o si será un eufemismo, o un sutil engaño, colocado para dentro de otros doscientos años conmemorar el levantamiento de los primeros leoneses superlativos o leonesistas con denominación de origen e identidad auténtica). Ya me lo contarán, ese día lo tengo comprometido ya y no podré estar al loro.
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Otra pregunta más recurrente que me invade a veces es de qué manera solventará su angustia deportiva un nacionalista ante, por ejemplo, un encuentro balompédico -¡qué antigualla!, ante un derbi futbolístico- tal que entre la Real Donostiarra y el Athletic de Bilbo, el Barça y el Espanyol, o, en más de aquí, entre la Cultu-ral y la Ponfe-rradina. Pero conste: que sea una pregunta frecuente, no quiere decir que me preocupe lo más mínimo.
Estas cosas de los nacionalismos, sociales o políticos, si no fuera porque uno sabe bien lo que acaban engendrando, me harían incluso gracia.
No hay nada más que ver lo serios, bueno, lo tristes -normalmente son de la gente que confunde seriedad con tristeza- que se ponen no ya ante cualquier problema, sino entre el mínimo desacuerdo. Claro, ellos son la esencia popular, el pueblo, los demás, ya se sabe, podemos tener opinión propia y dispar porque tenemos intereses espurios, sólo ellos representan por sí mismos los intereses de la comunidad nacional –de mayor o menor competencia- pues conocen y defienden como nadie la propia identidad, la lengua, el territorio, sus valores eternos. Vienen a ser como el soberbio dios, a su imagen y semejanza, pero en pequeño, a escala territorial.
Nadie les pide que se ocupen de nosotros pero siguen empeñados en salvarnos de las tinieblas que representa el otro, generalmente el vecino.
Qué cosas, que vocaciones más raras se busca la gente.
Vean sino cómo la UPL, sector oficial, o mejor, municipal, el que tiene mando en plaza, vamos, recuerda a Zapatero sus compromisos con León. La mayoría de los leoneses ha votado a Rodríguez Zapatero –lo siento por los elegidos, pero no son más que rentistas- y ahora son ellos, la UPL, la esencia, quien nos representa ante quienes nosotros hemos votado como que fuésemos amnésicos o cortos de inteligencia. Son de trombosis, vamos. O mesiánicos. De chiste en cualquier caso.
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No obstante, esto de los franceses doscientos años después está muy bien. Ya se sabe que no hay nada que una más que un enemigo común. Lo digo porque otros levantamientos hubo y más recientes, y más sangrantes, y más largos –porque miren que duró el fétido perfume, que duró el eclipse de luna de tanta cara al sol- y como que hubo mucho mutis por el foro. Foro democrático, por supuesto. Lo malo es que se van chufas y voladores en estos entretenimientos que sólo valen para el bombo propio y si acaso arrimar el ascua cada cual a su sardina. Y digo yo, y lo juro, sin ánimo de provocación, no hubiera sido más rentable, más útil para ese pueblo que les llena la boca y el mejoramiento de su acervo cultural comprar una, o varias, Enciclopedias para las bibliotecas municipales, aunque fuesen de la Británica por quitarle galicismo a la cosa.
Nada, no hay manera, seguro que hay quien a todo esto le ve una segunda intención. A lo peor es que como por causas del rojo sanguíneo el galeno me ha recomendado ingerir mucho pescado, blanco y azul, pues igual me estoy afrancesando.
Juan García Campal
http://juancampal.blogspot.com