
...Una noche-madrugada de julio de 1961 (o fue ya en el 62, a casi 50 años vista la memoria falla y máxime después de cumplir casi dos años de mili) apareció en el edificio de los juzgados militares de la Capitanía General de la Primera Región Militar, situados entonces en la calle El Reloj, número dos, de Madrid (paralela a Leganitos y a la Gran Vía). Malvestido y desgarbado de militar. Aquella noche yo estaba de guardia de juzgado y nuestro departamento era bastante más acogedor que el cuerpo de guardia de aquel destacamento.
Hicimos las presentaciones y resultó ser un jugador de fútbol, que jugaba en el Betis, "aunque pertenezco a la plantilla del Real Madrid". Toma ya. La buena relación surgió de inmediato, cuando sacó a relucir su hambruna, ya que aquellas horas estaban cerrados los bares por los que había pasado, para comprar un bocadillo, tras un viaje largo y tedioso desde Sevilla.
"Eso está arreglado, chaval (aunque Aragonés parecía y era más viejo, yo no dejaba de ser un veterano a su lado)". Bajé a la cocina, donde mi amigo Benito, astorgano y, por ende paisano, tenía sus reales. Abrí una de las cámaras y cogí una fuente de arrozconleche y del cajón de los cubiertos, una cuchara.
Luís Aragonés Suárez devoró, más de degustó, el rico plato del que era maestro hacedor el maragato Benito, lo que propició que la guardia judicial se hiciera tertulia entre humos de los buenos cigarros que traía el futbolista de tierras sevillanas.
Fueron pocos días los que pasamos juntos. Una vez concluida la liga, Luís había venido a Madrid (después me enteré que era madrileño de pura cepa, del barrio-poblado de Hortaleza) a probar por el Atlético de Madrid. "Vas a venir conmigo", me dijo, cuando se enteró que yo también hacía mis pinitos en el Getafe (entonces en Tercera División Nacional). "Te lo digo de verdad, Carracedo (de estudiante y de militar siempre me llamaron por mi segundo apellido, mucho más sonoro y rarillo). Sería cojonudo que jugáramos juntos".
No pudo ser. Luís era ya un superdotado y yo, un cantamañanas del montón para pasearse por aquella Tercera. Un medio carrilero de aquel sistema primigenio de tres defensas, dos medios y cinco delanteros. Un año más tarde, mi buen amigo Luís entraba a formar parte del equipo que presidía don Antonio Calderón y empezaba a cosechar éxitos profesionales como fue la constante de su larga carrera, mientras yo me retiraba del mundo del balompié para seguir otros derroteros del quehacer diario.
Así y todo, siempre he recordado con placer aquellos tiempos en los que, a la sombra de mi amigo Luís, quité el hambre de jamón más de una vez. A la vez que me proporcionaba un pase para acceder al campo del Manzanares cada segundo domingo, donde siempre había un rato para intercambiar saludos y poco más. Lo que hizo que mi equipo favorito fuera y siga siendo el Atlético de Madrid (con un periodo de excedencia, mientras estuvo al frente el señor Gil y Gil).
Eso sí, he seguido a pie de página cada paso de Luís Aragonés Suárez, tanto como jugador de pies atravesados (de ahí lo de 'Zapatones') que parecían no dejarle correr, como de entrenador y su sabiduría (un gran sabio de Hortaleza) que ya le venía de atrás o como seleccionador. A veces llegaba una postal que correspondía por mi parte como un trozo de amistad que quedó escolingando en el recuerdo de mi paso por Madrid. Otras, sufría al leer o escuchar las envidias de muchos petimetres de ese mundo cabrón que es el fútbol.
Criticado hasta la saciedad por cualquier tropiezo, de los que Luís siempre sacó conclusiones y más saber; o por no alinear a jugadores de renombre que le hacían poner sobre la mesa de las ruedas de prensa ese ramalazo de pueblerino que es el haber nacido en Hortaleza, cuando aún había huertas de frutales que poder asaltar. ¿Y qué?
Sin embargo, hoy ha puesto la guinda a su vida deportiva, con la consecución de la Eurocopa para España (otros contarán esta feria mucho mejor y según les haya ido). Era una buena excusa para desvelar esta anécdota, de la que fui más protagonista que Luís, a pesar de ser un actor segundón (porque yo la recordaré siempre y él, quizá solo fue un momento más de su larga vida de éxitos y extravíos).
Desde hace unos años, Aragonés ha mirado a todo dios por encima de sus gafas, desde los banquillos de mil campos de fútbol. Y hoy, despojado de cualquier soberbia (es sabio, no soberbio), se marcha de la selección nacional, porque no le han dicho nada o algo más para quedarse. Luís ha sabido tratar con gente corriente (las más de las veces), con poderosos, con reyes y con dictadorzuelos de medio pelo. Y a todos ellos, de tú. No iba a ser menos con el presidente de la Real Federación. Felicidades, amigo. Simplemente. Y suerte, compañero, ¡oye!