
¿Es o no es como para echarse a temblar?. Si no recuerdo mal este fue el tipo que dijo que no se podía hablar de crisis y que no había burbuja inmobiliaria sino un suave aterrizaje (si como el del avión de Spanair o como Lagunair). Es que tiene un ojo...
Lo que no entiendo es por qué si las entidades financieras españolas están tan cojonudamente como dice Solbes les tiene que dar ahora el Gobierno más de 50.000 millones de euros.
Los ZP boys dicen que sí, que los bancos y las cajas tienen solidez, pero les falta liquidez. En realidad yo creo que son mucho más gaseosos de lo que nos cuentan. Todo esto de la liquidez y la solidez me lleva al tema de los sólidos platónicos y a las frecuentes invectivas que me lanzan aquellos amantes del Musac a los que no les gusta que yo difunda denuestos contra su querido engendro. Han llegado a llamarme “analfabeto estético”.
¿Qué relación tienen los sólidos platónicos con el Musac?, se preguntarán ustedes. Poca, pero todavía hace bien poco leí un magnífico tratado renacentista de matemáticas, nada menos que de Fra Luca Pacioli. Este fraile, cuyo aspecto físico se conoce gracias a un interesante cuadro de Jacopo de Barbari (no expuesto en el Musac, porque fuera del Musac también hay arte), fue uno de los maestros de Leonardo da Vinci, y él mismo compuso su tratado a base de intertextualizar los conocimientos matemáticos de otro genio de la composición y de la estética: Piero de la Francesca (espectacular su Madona del huevo).
Pacioli, como muchos otros antes y después de él (verbigracia Vitruvio y Matila Ghyka, por citar algunos), tenía cierta fijación con la proporción áurea (también llamada número de oro y divina proporción: el número 1,618...).
Pese a mi analfabetismo estético, he desperdiciado algunas jornadas de mi vida comprobando los efectos estéticos de la proporción áurea (que por primera vez describió Euclides) en el maravilloso teatro de Epidauro y midiendo los intercolumnios y el éntasis de las columnas del Partenon (todo él falso, ¡pero es un símbolo de tantas cosas que el Musac jamás llegará a ser...!).
Durante varios años fui casi a diario al Museo del Prado. Dedicaba mi visita cada día a un único cuadro y era maravilloso. Hoy Las Meninas, mañana El Jardín de las Delicias. Guido Reni, Boticceli (la serie sobre Anastasio degli Onesti), Goya, Rembrandt (un falsario, según William Blake), Brueghel El Viejo (El triunfo de la muerte), Ribera, Rubens...
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(Retrato de Luca Pacioli de Jacopo de Barbari)
A pocos metros de allí me empapé de las espectaculares esculturas del parque de El Retiro. Sobre todas, me impactó la del Ángel Caído, de Ricardo Bellver, que, pasmosamente, está ubicada en un punto geográfico situado a 666 metros sobre el nivel del mar. Allí también contemplé boquiabierto la colocación y posterior retirada de las obras ciclópeas de Henry Moore, en una exposición alucinante.
La Vieja Negrilla me conmueve más que todo el Musac, incluido el edificio, por más premios que haya ganado. Coincido con Platón a la hora de preferir, pese a su ingenuidad, los tímpanos del desaparecido Hecatonpedon a los del falsificado Partenon actual, aunque éstos también son soberbios, y me parece infinitamente más complejo y sugerente el Erecteion que la mole de Ictino y Calicatres que se encuentra frente a él, mirando desde la tribuna de las cariátides, porque fue concebida más para impresionar y para la gloria de Pericles que al servicio del ideal de belleza (El Musac fue concebido más para mayor gloria de Silvia Clemente que de la estética y de la creación artística). En cambio, los Propileos no me dicen mucho, pero el templito jónico de Atenea Niké me desarma, casi tanto como la anarquía del palacio de Cnossos, morada del Minotauro, en Creta, donde aprendí a amar aquel arte que tanto influyó en la ruptura del hieratismo egipcio, de la mano de la revolución atónica (por Atón y Akenatón). En Hiraklio (capital de Creta) me enamoré de la obra y la estética de Nicos Kazantzakis y añoré la obra y la estética de otro cretense, El Greco, a quien tanto perseguí por las empinadas cuestas y rincones de Toledo, en compañía de mi amadísima amiga y gran poetisa Raquel Lanseros.
Se me encogieron literalmente los huevos ante la Puerta de los Leones de Micenas (o de las Leonas, que nunca supe distinguir su sexo) y ante las falsas cúpulas de las mal llamadas tumbas de los atridas y ante las ruinas de la acrópolis micénica de Tirinto y ante el retrato del poeta Virgilio, elaborado con mosaicos diminutos y que está custodiado por militares enormes en el museo de El Bardo, en Túnez.
Con Leónides Antón, un agustino de Villaverde de Arcayos, recorrí kilómetros y kilómetros de pasillos y las iglesias y las salas y las capillas del Escorial y supe, mucho antes de que se casara allí Ana Aznar Botella (con gagA, digo con Agag) y mucho antes de que terminaran su carrera de arquitectos, que Mansilla y Tuñón jamás le llegarían a Juan de Herrera a la suela de los putos zapatos.
En fin, me acojona la historia del Locus Apellationis del pórtico de la Catedral de León, porque en ese pequeño fuste se resume gran parte de la historia del derecho y las instituciones españolas, que son en sí mismas otra forma de estética y de tragedia: el esperpento (que decía Valle Inclán), como esperpénticas son las pinturas de Zuloaga que están en el castillo de Pedraza, pueblo donde, por cierto, comí un cordero que no tienen cojones a hacerlo en el Vivaldi del Musac ni hartos de grifa.
Pueden llamarme analfabeto estético, drogadicto, ateo o maricón si quieren, pero jamás me convencerán de que un dibujo a bolígrafo de unos ciervos es cojonudo y representa la libertad creativa y la ruptura de lo convencional, porque dibujos como ése los han venido haciendo durante siglos en punto de cruz las niñas españolas en la clase de labores y nadie le dio un pijo de relevancia al asunto. No me jodan, ¡rehostia puta!. No voy me gusta el Musac porque prefiero a los cretenses que a los cretinos, así que a mamarla a Oviedo, que es cabeza de Partido.
PD. La Consejería de Educación de la Junta ha puesto en marcha un proyecto que se llama “Aprender con el periódico”. Luego dicen que los niños no saben nada. No te jode. Querrán que salga un Einstein leyendo los periódicos de Castilla y León. Debieran ser los periódicos los que aprendieran un poco de los niños y no al revés, aunque sólo fuera a no mentir o a poner menos faltas de ortografía.
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