
...Largos fueron los tiempos en que aquella, la cultura, fue casi patrimonio exclusivo de los clérigos. Pero de ahí a afirmar que es el significado religioso de la fecha la que arma todo el barullo de gentes, mercaderías y dineros que la rodean hay más de un paso, casi, casi un largo calvario que algunos sobrellevamos paciente y respetuosamente, e insisto, no sin esfuerzo.
Así, uno soporta estoicamente que el obispo de Tenerife, no el señor, que no lo tengo por tal, la morcilla grande Bernardo Álvarez, a cuyo cargo está el cuidado espiritual de los adictos del territorio de su jurisdicción, se descolgase con unas declaraciones (ver entrevista publicada) en las que adoctrina sobre la homosexualidad y se colma sobre la pederastia con cosas del siguiente tenor: "...creo que el fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias...", "No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio. La persona practica como puede practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta" , "Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece", que a servidor, después de haberlas leído, le causan, de un lado, pena, de otro, rabia, y de ambos también desprecio. Aún así callé. Mal hice.
Y digo que mal hice, porque estas cosas de las morcillas grandes si no se eructan, si uno no se jacta en vano de ellas -en vano, sí, porque son sordas- así como que se crecen y se apropian de los buenos humores y otras humanas virtudes que gozamos también algunos descreídos, laicistas, y vulgo civil de semejante ralea o cualidad. Pero hombre de dios -el suyo- aún anda usted llamando a la humana y libre opción sexual asunto perjudicial, cosa de vicio. Ay, si al menos constriñera su prédica a su mermado universo. Y qué decirle de las provocaciones de menores. Si eso piensa usted de los menores, qué no hará de los adultos. Será su lógica el "van como van y pasa lo que pasa", ¿y el valor del sí, y el valor del no? Nada, inútil, ¿y la propia conciencia, la propia voluntad, el respeto al otro? ¿Qué moral es esa que atribuye culpa a la víctima? Cuando se dice no, sea el momento que sea, es no. Simplemente eso, no. Déjese de tentaciones, que igual si parte de la culpa se la atribuye a la víctima, la otra parte la tiene el ángel de la guarda que anda distraído.

Mas no, siguen queriendo imponernos salvaciones y condenas incluso a los que hemos decidido vivirnos así, a la llana, los que no nos resignamos al valle de lágrimas ni esperamos falsas recompensas, vidas eternas, los que aquí gozamos nuestras salvaciones, los que aquí sufrimos nuestras propias condenas, avanzando día a día hacia el sabido último acto vital, la muerte, hacia la definitiva morada, la tierra, sin más y contentos de vivir
Para colmo, y de ahí esta carta, la última representación -acto de concentración por la familia cristiana, acto al que pertenece la foto suficientemente ilustrativa- de sus obsesiones ideológicas. Y de nuevo pretendiéndolas de obligado cumplimiento incluso, cómo no, por los descarriados por propia voluntad. ¡Qué manía! Oigan, ¿se les ha obligado a algo a ustedes? Déjennos, por su dios, optar por aquello que la Ley, la que democráticamente nos hemos dado, nos reconoce como derecho, que no como obligación. Háblenles de su dios a sus seguidores, no les faltan, aunque tampoco van muy sobrados, incluso intenten convencernos a otros de sus bondades, pero dejen ya de meterse en asuntos políticos, civiles, repito, civiles. Se repiten ustedes más que la mala morcilla por pequeña que ésta sea.
Por lo único que me alegro de sus rabietas y barbaridades es por si así el gobierno de la nación se convence de que nada se consigue con ustedes por mucho que se les templen las gaitas. Ay, si se les tratase como lo que son, una multinacional y no sólo espiritual.
En fin, tengan un poco más de fe en el hombre; son ustedes al fin y al cabo los que afirman que es imagen y semejanza de su dios.
Ya me despido, les deseo un año nada venturoso para sus intereses, sería terrible para mí, compréndanlo. Yo oraré por ello, porque, por fin, tengamos un Estado laico, que siga respetando su libertad religiosa, sí, pero que les ponga de una vez por todas en su sitio, el ámbito personal de cada cual. Ahora, eso sí, ustedes recen, recen mucho por mí, al menos ese tiempo no lo ocuparán en decir esas cosas que dicen y no sentirán tentaciones de esas con las que los menores, a veces, y según su colega de Tenerife, les provocan. Que su dios les perdone, yo, la verdad, con sufrirlos tengo bastante.
Juan García Campal
http://juancampal.blogspot.com