
...Sobre todo, después de constatar que nuestros políticos, los que nosotros, los vecinos paganos hemos puesto en sus respectivos puestos, no hacen nada por frenar esta barbaridad de subida (dicen que un 153 por ciento, yo soy de letras y doy por bueno el porcentaje), cuando todos los impuestos, todas las tasas, los ¿sueldos oficiales?, los ipeces, todo se empiezan a congelar a causa de la crisis y de la recesión.
No así los recibos correspondientes a las empresas, comercios, industrias y edificaciones religiosas, porque sus representantes, como son las cámaras de comercio, la Federación Leonesa de Empresarios o el Centro Empresarial Leonés, han puesto el grito en el cielo y obligado a Gersul (Gestión de Residuos Sólidos Urbanos de León) a paralizar el despropósito. Lo de la Iglesia no sé si su protesta se hizo efectiva o es que, como nunca ha pagado impuestos, tasas y tal (sobre todo tal) la han metido en este conciliábulo protestatario de rondón.
Así que heme aquí protestando a pleno pulmón como voz que clama en el desierto, porque he seguido la norma habitual de protesta después que pagues. Sobre todo, si quien ha programado el desmadre padre de los 38 euros por vivienda son, precisamente, nuestros representantes en la Diputación (donde se enmarca Gersul), que a su vez están elegidos por el resto de concejales y alcaldes que hemos elegido nosotros.
La subida, así y todo, es insuficiente para pagar las deudas que han acumulado las distintas gestiones del CTR (Centro de Tratamiento de Residuos de San Román de la Vega) que gestiona Gersul y que, a lo que se ve, hay que traducirlo por otro título como es el Centro Terminal de Retirados. Me explico.
A primeros de los años 70 del pasado siglo, la empresa que desarrolló la primera reestructuración de la Carretera Nacional VI, entre Cebrones del Río y Manzanal, con sede en La Bañeza, y de cuyo nombre no quiero acordarme (aunque me acuerdo perfectamente), presentó un organigrama de trabajo que válgame Dios. Allí todo dios era jefe: Jefe de obra blanca, jefe de obra negra, jefe de barreduras previas al extendido del betún, jefe de extendido, jefe de vibradores, jefe de cunetas, jefe de retroexcavadoras, jefe de… Todo dios era jefe. Y así acabó, como el rosario de la aurora, porque nadie trabajaba. Ya que si había mucho sol, porque había mucho sol; si llovía, porque llovía; si helaba, porque helaba. Lo habían dicho los jefes, que, entre tanto, jugaban la partida y los cuartos en cualquier bar de la susodicha carretera.
Pues algo parecido existe ahora en el CTR de San Román de la Vega y en los centros de transferencias. Todo cristo es jefe o coordinador. Y eso se paga. Unos puestos que Gersul, ese ente amorfo que dirige José Antonio Velasco, un médico metido a político de por vida, es el encargado de supervisar, pero que nadie sabe cómo se han cubierto. O sí.
Un cementerio de elefantes políticos y de amiguetes que supone la partida más importante y deficitaria a cubrir con los 38 euros que ahora alcanza un recibo que se inventó hace dos años, con 15, para paliar esas deudas que establecen las gentes del CTR (Centro Terminal de Retirados de la política activa o amigos del titular de la empresa concesionaria), encargadas de separar las basuras para poder venderlas después. Gentes, casi todos jefes, que hay que pagar para la buena marcha del negocio. Porque, señores, esto es un negocio, pagado en sus deudas con dinero del común y las ganancias… ¡Ay gran Dios! Las ganancias, para la susodicha empresa concesionaria.
Y como esto es un negocio, desde aquí pregunto: a partir de ahora ¿quién va a ser el departamento que me pague (a mí y a la multitud de usuarios que reciclamos de salida nuestras basuras desde hace cinco años)? ¡Oiga, sí! Fuimos muchos los que desde que se publicitó la separación de residuos nos hemos concienciado de ello. Más que nada por su facilidad. Aunque haya que tener en casa un espacio para cuatro bolsas (orgánica, plásticos y embases, vidrio y papel). Y eso, ya que se ponen así en esto de la subida desorbitada, hay que pagarlo. Y sino, como decía un conocido personaje bañezano con el que coincidí un día repartiendo mi basura por los distintos contenedores, "que reciclen ellos, que son los que se llevan las ganancias".
Nadie sabe nada de quiénes fueron los que votaron el impuesto de los 15 euros y ahora la subida a 38 (las empresas, industrias, comercios y edificios religiosos tendrán que pagar más, a pesar de que ahora esta congelado su cobro). Un impuesto para el reciclado y pagar el transporte. Bueno, pues mis basuras solo andan ahora dos kilómetros y 700 metros, por la carretera de Santa Elena. Un transporte que los bañezanos y comarcanos ya pagamos con creces en otro recibo desde que en el 2002 el juzgado cerró el viejo basurero y trasladar los residuos a León capital, para dar crédito a los vecinos de este pueblo de Santa Elena, que durante 30 años tuvieron que aguantar carros, carretas, humos y malos olores. Subida que nunca ha vuelto a bajar. Porque esa es otra. Ahora hay que pagar la basura correspondiente en cada uno de los ayuntamientos.
Pero no pasa nada, oye. Estamos en crisis. Estamos ya en recesión. En paro. En el pozo sin fondo de la economía. Alguien pagará la última. Y sino, al tiempo.