...Campillo es de esa gente a la que no se le puede decir no, lo mismo que ahora, a otro amigo común, Javier Calvo, que ha osado hacerme el mismo envite para otro periódico provincial (leonoticias.com), esta vez en el formato digital.
Han cambiado mucho las cosas y nosotros también. Lo que sigue igual es la noticia. Esa flor de un día que en el papel se diluye en el tiempo y en el soporte digital, en esa papelera virtual en la que cae desde el andamio de la actualidad. Pero en ambas maquetas, con el nombre del olvido.
De niño aprendí en una escuela bañezana unos versos a la flor de la 'Maravilla', en aquellas enciclopedias de 'Álvarez' con las que nuestros maestros nos desasnaban en la posguerra, que vienen como anillo al dedo para estas añoranzas de este escribidor de pueblo: "Aprender flores de mí / lo que va de ayer a hoy, / ayer 'Maravilla' fui / y hoy sombra mía no soy".
Aquel viejo verde Don Hilarión, de la 'Verbena de la Paloma', no tenía ni puñetera idea cuando se arrancaba, con su voz cascada con aquello de: "Hoy las ciencias adelantan / que es una barbaridad, / que es una barbaridad, / que es una bestialidad". Ni puñetera idea, tío. Estos últimos 22 años sí que son una barbaridad. En los mismos, pasamos en periodismo de los cajistas de imprenta al vendaval informático, cuyo infinito es impredecible. Los sobres con las informaciones y carretes fotográficos que viajaban en el coche de línea de la Empresa Ramos, se fueron cambiando hacia los primeros fax y modems insertados en los viejos y tambaleantes ordenadores, camino de las cámaras digitales, Internet, correos electrónicos, la Biblia en verso.
Volviendo a aquel año 1986, en una primera visita a la redacción y talleres de La Crónica de León, me atreví a solicitar una máquina de escribir para redactar in situ mi primera colaboración. Y aquel ramillete de jóvenes que componían la primera plantilla del nuevo rotativo me contestó al unísono: "Aquí no tenemos máquinas de escribir, sólo lo que ves, ordenadores". Y es que La Crónica fue el primer periódico informatizado de León, aunque con la sartén llena de las carencias de los primerizos. Sin embargo cuando lo contaba en casa y a mis amistades, al final tenía que rematar mis bisoñeces en ordenadores con una frase que se hizo después célebre: "Eso de los ordenadores son una especie de la jodimos, con ventanas a la calle".
A lo largo de 22 años volqué toda mi ilusión periodística de escribidor de pueblo en aquel proyecto, hasta la llegada de mi jubilación. Una ilusión que comenzó en la media noche del día dos de marzo de aquel 1986, cuando la Brigada Antijuego hacía una redada en la noche del 'Día del Tirunfo' en La Bañeza (una gran timba de chapas y bacarrá con destino a una cofradía penitencial local para financiar su Semana Santa), en la que también estaba yo involucrado y de la que salí enseñando una cartulina que garantizaba mi pertenencia a la plantilla de La Crónica de León, al grito: "Prensa, soy prensa". A la una y pico de la madrugada, el propio Oscar Campillo cogía mi primera crónica por teléfono. Portada y una página ilustrada con fotografías del Ayuntamiento y de la torre de la iglesia de Santa María que, unos días antes, había sacado Mauricio Peña y un careto del entonces alcalde bañezano, Antonio Fernández Calvo.
Ilusión, añoranza o simplemente un pequeño homenaje al recuerdo para ahora…, una vez más, volver a empezar. Aunque, al final solo quedará lo de: "… ayer (aunque haga 22 años) 'Maravilla' fui / y hoy sombra mía no soy".