Al delegado de la Junta le gusta Buxtehude y cómo un Festival de Órgano semejante puede ser gratis

...Pero no deja de ser cierto que dice mucho a su favor, el que un político manifieste que conoce a este músico barroco, y que además le gusta. En la presentación de la XXV Edición del Festival Internacional de Órgano “Catedral de León”, el delegado de la Junta, Eduardo Fernández, bromeó con la posibilidad de otorgar más dinero al festival si Samuel Rubio programaba más música del compositor por el que sentía un enorme interés: el músico de origen danés, nacionalizado alemán, Dietrich Buxtehude. Más que nada era una felicitación a título personal a la dirección del Festival, por el “buen gusto y el equilibrio” manifestados en la programación durante estos veinticinco años. El hecho de que en los sucesivos conciertos, que han tenido lugar durante estos años, se haya apostado por no anclarse en el temido barroco -con una clara presencia de la composición contemporánea- ha resultado fundamental para llegar a celebrar las bodas de plata. Eduardo Fernández dijo en voz alta lo que muchos comentamos “in pectore”. Es siempre imposible agradar a todos, porque cada aficionado haría una programación distinta con los compositores que más le gustan.
Pero hubo otro detalle en la presentación de este Festival. Algo no dicho explícitamente, pero que se pudo leer entre líneas. ¿Existe ahora una disposición positiva, en el nuevo órgano de gobierno del cabildo de la Catedral, para colocar un órgano acorde con su categoría que engrandezca, más si cabe, un templo en el que según su deán, se han atrapado “la belleza y la armonía”? Eduardo Prieto Escanciano, el portavoz de la institución catedralicia, con voz clara y sonora y como buen profesor de Filosofía, dejó admirado al respetable (políticos y periodistas) cuando habló de Heráclito, de la teoría de los contrarios y de pasados “encuentros y desencuentros” entre Samuel Rubio y la institución catedralicia. Algo se ha movido, y positivamente, entre las venerables piedras catedralicias.
Al margen de palabras más o menos acertadas y de frases hechas de políticos e instituciones, lo principal fue echar un vistazo a lo que nos propone este año el Festival. Repiten actuación tres pesos pesados de la interpretación organística: “le chevalier de l´orgue”, o sea, el magnífico organista francés, Jean Guillou; el inmenso Theo Brandmüller y el increíble Daniel Chorzempa, el intérprete norteamericano que, si tiene tiempo, seguramente volverá a visitar San Miguel de Escalada a petición propia, como la primera vez que estuvo en León y dejó sorprendidos a todos al manifestar a Samuel Rubio su deseo de conocer el insigne monumento leonés.
Para abrir boca, el próximo viernes día 19, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, bajo la dirección de Cristóbal Halffter, a quién tanto debe el festival, realizará el estreno absoluto de su “Epitafio para el sepulcro de Juan del Enzina”, cuya sepultura debería estar en algún lugar de la Catedral, entre la puerta del Dado y el claustro. Aunque si hacemos caso a otras informaciones, los restos del insigne músico, afincado en nuestra ciudad, fueron trasladados a Salamanca, cinco años después de su muerte en León. Otro estreno absoluto, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Galicia, otorgará protagonismo a otro leonés de adopción: Antonio Gamoneda. A los textos del Premio Cervantes le ha puesto música uno de los grandes de la composición española contemporánea: José María Sánchez Verdú. Más estrenos. Y esta vez con obras contenidas en los archivos de las catedrales de Segovia y León de maestros de capilla de los siglos XVIII y XIX. El Festival inicia así una nueva andadura de recuperación del patrimonio musical catedralicio que duerme en el silencio de sus partituras el sueño del olvido.
El concierto de clausura de las bodas de plata de este Festival está acorde con la categoría de la celebración. El número uno de la interpretación bachiana actual, Philippe Herreweghe, con el Collegium Vocale de Gante, dirigirá las cantatas BWV 12 y 21 de J. S. Bach. A la hora de hacer comparaciones, aunque sean innecesarias, se podría pensar que este concierto es como asistir a una final del campeonato del mundo de fútbol en León. Y encima, gratis. Seguro que el día de la actuación de estos intérpretes, algún turista despistado se quedará boquiabierto cuando vea que en la Catedral de León, y posteriormente en Palencia, en Zamora y Valladolid, un conjunto musical de tanto prestigio va a dar un concierto al que puede acceder sin entrada, de forma totalmente gratuita. Y como dijo un catalán, que hace años pasaba por León y pudo entrar a la catedral, a ver la actuación de Jordi Savall y Hespèrion XX, sin pagar un duro: “Esto sólo pasa en León, y así os va”.
De hoy en una semana la música surgirá de las naves catedralicias, se introducirá por los recovecos de sus arcadas góticas y se filtrará por la transparencia de los vitrales para inundar una ciudad que está de celebración. No todos los días se cumplen veinticinco años de un acontecimiento, como es el Festival Internacional de Órgano “Catedral de León”, manifestación sublime donde las haya, que deja un regusto a propios y extraños de que en León miramos muy alto.